El contacto es una de las necesidades primarias de la vida. Su ausencia provoca dolor psíquico, consciente o no. Pasé mucho tiempo observando, escuchando y percibiendo en mis pacientes como en mi persona, los efectos maravillosamente sedativos del contacto amoroso con otro ser humano. Un abrazo, la percepción del calor del otro actúan muchas veces como un bálsamo para el corazón.
En el discurso de muchas mujeres aparecía reiteradamente, ante la ausencia de pareja, la queja por la soledad y un dolor hasta físico por esa privación . En los varones es menos evidente el malestar porque una relación sexual puede cumplir esa función y hay una menor exigencia de sentirse querido a la hora del sexo. Para las mujeres de mi generación, un " te quiero" o pensar que esa relación es mas que un contacto físico era muy importante. Las cosas han cambiado mucho y las mujeres tiene conductas mas parecidas a lo que antes se adjudicaba básicamente a los hombres. Las necesidades de los dos géneros son parecidas pero diferentes, los hombres necesitan contacto también pero es harto evidente, para mí gracioso, ver como la presencia de una mujer dotada de una buen busto y de una atractiva parte de atrás hace que sus ojos se desvíen en esa dirección de una manera irresistible y esto los convoca. La testosterona hace lo suyo. Los pechos femeninos son a ellos, lo que las vidrieras a muchas de nosotras. Esta mirada del hombre marca y alude a una de las diferencias.
El hecho de provenir de una matriz materna, con una temperatura cálida en su vientre, el latido de su corazón, la alimentación vía cordón, evidentemente nos muestran la necesidad de un ámbito de esas características para llegar a ser y nacer. Los seres humanos reeditamos en nuestros vínculos amorosos, sin consciencia, ese clima de gestación. que va tomando otras formas de contacto, que son las posibles y armónicas según la etapa evolutiva que estemos transitando.
Ante la angustia que presentaban muchas de las que me consultaban y al escuchar lo que relataban, pude dilucidar el motivo de estas sensaciones dolorosas y nostálgicas que sentían y que no tenían claramente identificadas como ausencia de contacto. Al poder catalogarlas como naturales y que aludían a tener hambre de cariño las aliviaba en parte. No era un contacto sexual lo buscado o necesitado, sino una cercanía cálida en la que lo físico participara. Pero con quién, sino con una pareja, el adulto se permite estar como Dios lo trajo al mundo fusionado en un abrazo prolongado ( tal vez dormir así ) o en un mimo profundo y envolvente que reedita la condición de nuestro propio ámbito antes de nacer. Es más allá de lo sexual.
Cuando se tiene esta provisión no nos damos cuenta y casi no registramos su importancia.
Muchas veces en la búsqueda de esta calidez se entablan relaciones, que no son significativas, pero a las que se accede por la falta de este suministro.
.
En la vejez sin duda esto sucede y parte de esta cercanía y contacto la cubren los nietos que con su alegría al vernos, sus gestos, sus manitos abrazando, contribuyen a llenar ese espacio tan necesario para la vida, que es el contacto.Otra alternativa posible y que suma es: animarse a ser cariñoso con los amigos, dar abrazos, recibirlos. Debemos soltar las palabras de afecto al prójimo, no nos debemos cuestionar nunca el hecho de dar algo positivo a los de nuestro entorno y la ternura, lo es. Prediquemos con el ejemplo, hagámoslo. En caso de mucho hambre de contacto háganse dar un buen masaje. A falta de pan buenas son tortas.
viernes, 28 de febrero de 2014
miércoles, 26 de febrero de 2014
De las desilusiones que ilusionan ( español y a continuación en inglés)
Para hablar de la desilusión primero quiero referirme a la ilusión. Buscando la definición de ilusión - no en un libro de psicología- me sorprendí de los significados que aparecen el diccionario de la Real Academia Española:
(Del lat. illusĭo, -ōnis).
1. f. Concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos.
2. f. Esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo.
3. f. Viva complacencia en una persona, una cosa, una tarea, etc.
4. f. Ret. Ironía viva y picante.
Desde ya " chapeau" por la definición tan contradictoria y tan real. Contradictoria, con respecto a lo que creemos vulgarmente que es una ilusión
Para mí, como para muchos, las ilusiones eran el norte hacia donde dirigir las acciones para poder plasmarlas en hechos.¿Como se forman las ilusiones? Las ilusiones están ligadas a lograr metas valoradas. En general esas metas no son elegidas con conocimiento de lo que se elige, sino que se crean en base a lo que los individuos creen que las personas significativas y el medio sociocultural espera de ellos. Al cumplirlas las personas intentan afianzarse en su autoestima y esta confianza en sí mismo se cree lograda si se piensa que se ha cumplido con las expectativas puestas sobre uno. ¿Como se logra ser querido por el entorno? No es fácil este proceso. Depende de las características de los sujetos y de las del entorno. Y aquí vienen como anillo al dedo las definiciones de ilusión ya que si esas ilusiones no son mas que producto del engaño de los sentidos, y no están dotadas de una verdadera realidad - y a la vez su cumplimiento parece altamente seductor y para lograr su fin "nos complace la ejecución de una tarea o de una cosa"-, pero en definitiva estamos plasmando algo que desconocemos.
En realidad, como dice una de las acepciones, hay una esperanza que "parece".... Cuando somos jóvenes no sabemos a ciencia cierta si nos complacerá el resultado de lo que decidimos emprender porque hay una mirada muy inocente acerca de los temas que debemos enfrentar en la vida.
Tomare a la familia a modo de ejemplo.
En la época que me tocó vivir, las elecciones de pareja se hacían alrededor de los veintitantos años. El elegir una pareja y tomarla en serio implicaba la posibilidad de formar una familia y la familia se forma teniendo hijos. ¿Que sabemos a los 20 años de matrimonio, hijos, familia, vínculos y sus vicisitudes? Nada
Solo sabemos lo que hemos vivenciado con nuestra familia primaria y tenemos alguna percepción de otras familias que nos rodean. Personalmente estuve muy influida por lo que era bueno para mi familia y esto era: ser linda ( hecho muy difícil de lograr solo con las ganas y con standards de exigencia elevados) obediente, ser responsable en los estudios ( entré a la facultad con 16 años ), precoz ( me casé a los 18 años y tuve mi primer hijo a los 19 años y mi segunda hija a los 20 años) defender a la familia ( los defendía con uñas y dientes), admirar al hombre en general y a mi hermano en particular ( hecho que cumplí a rajatabla hasta los 40 y tantos)
Esto que pude expresar en cuatro renglones estuve 66 años trabajándolo, cambiándolo, sufriendolo y liberándome y hasta aquí puedo concluir que el envejecer desilusiona la ilusión, pero tiene alguna importancia desilusionarse de una mentira?
Todo lo contrario, es apasionante poder creer en lo que uno percibe para someterlo a nuestro criterio e intentar ser equitativo con uno mismo y respetuoso con los demás. No es siempre posible despojarse de lo que quieren que percibas y poder separarse de lo que otros creen importante pero sin fundamento sólido. La ilusión de un mundo ordenado, con sentimientos puros e ideales nobles, es muy linda. Promueve sentimientos generosos, incentiva solidaridades pero "no es cierto".
Por ese motivo pienso que la edad es liberadora para los que pueden ejercitar la autonomía de pensar lo que les parece. Eso sí, creo que hay que poder fundamentar los propios pensamientos y no desilusionarse tanto porque la vida es otra cosa de lo que creímos. Durante el período de mi formación creí sinceramente en el respeto que les debía tener a las instituciones: familia, autoridad, justicia. Genera un cierto vértigo enfrentarse con la realidad de que ninguna de ellas es impoluta y hay que llenarse de valentía y a veces de dolor para desarraigar tanta creencia profundamente incorporada. Un ejemplo dramáticamente elocuente es la película Philomena. Se muestra con crudeza la ideología dominante y aplastante de unas religiosas irlandesas. A pesar de que estas "monjas" habían vendido y entregado al hijo de Philomena a una familia, ante sus propios ojos, ella, aun desgarrada por el dolor de esta abrupta separación de su hijo, había incorporado el concepto de pecado que las " religiosas" habían marcado a fuego en ella.¿ Como revelarse ante la autoridad, que insiste en acusar de pecadora a una muchacha que así lo cree porque lo dice la Iglesia? ¿Como se logra relativizar las palabras del poder?
Con el envejecimiento pasa algo parecido: durante muchos años imperó una creencia en relación a los adultos mayores que determinó su rol y participación en lo social y económico . En su momento, jubilación o retiro significaban un modo de sostenernos económicamente . No se cuestionó la influencia que el retiro tendría en nuestra vida, emocional y en nuestros recursos. En este momento dada la longevidad que se ha logrado y la problemática situación económica de los países, sumada a la tasa invertida de crecimiento y a otros muchos factores, se hace necesario salir del antiguo esquema para dar cuenta de una vejez participativa, activa y valorada por la misma sociedad. ¿Como revertir las concepciones imperantes acerca de la vejez y cambiar los paradigmas actuales, desvalorizantes? Esta es nuestra tarea. La vida es como uno la piensa y si pensamos en nosotros mismos participando en proyectos propios, auguro que tendremos años muy placenteros.
The same text in English
1. f . Concept, image or representation
without true reality, suggested by the imagination or caused by deception of
the senses.
2. f . Hope whose fulfillment seems
especially attractive.
3. f . Deep satisfaction in a person, a
thing, a task, etc.
4. f . Irony alive and piquant.
En realidad, como dice una de las acepciones, hay una esperanza que "parece".... Cuando somos jóvenes no sabemos a ciencia cierta si nos complacerá el resultado de lo que decidimos emprender porque hay una mirada muy inocente acerca de los temas que debemos enfrentar en la vida.
Tomare a la familia a modo de ejemplo.
En la época que me tocó vivir, las elecciones de pareja se hacían alrededor de los veintitantos años. El elegir una pareja y tomarla en serio implicaba la posibilidad de formar una familia y la familia se forma teniendo hijos. ¿Que sabemos a los 20 años de matrimonio, hijos, familia, vínculos y sus vicisitudes? Nada
Solo sabemos lo que hemos vivenciado con nuestra familia primaria y tenemos alguna percepción de otras familias que nos rodean. Personalmente estuve muy influida por lo que era bueno para mi familia y esto era: ser linda ( hecho muy difícil de lograr solo con las ganas y con standards de exigencia elevados) obediente, ser responsable en los estudios ( entré a la facultad con 16 años ), precoz ( me casé a los 18 años y tuve mi primer hijo a los 19 años y mi segunda hija a los 20 años) defender a la familia ( los defendía con uñas y dientes), admirar al hombre en general y a mi hermano en particular ( hecho que cumplí a rajatabla hasta los 40 y tantos)
Esto que pude expresar en cuatro renglones estuve 66 años trabajándolo, cambiándolo, sufriendolo y liberándome y hasta aquí puedo concluir que el envejecer desilusiona la ilusión, pero tiene alguna importancia desilusionarse de una mentira?
Todo lo contrario, es apasionante poder creer en lo que uno percibe para someterlo a nuestro criterio e intentar ser equitativo con uno mismo y respetuoso con los demás. No es siempre posible despojarse de lo que quieren que percibas y poder separarse de lo que otros creen importante pero sin fundamento sólido. La ilusión de un mundo ordenado, con sentimientos puros e ideales nobles, es muy linda. Promueve sentimientos generosos, incentiva solidaridades pero "no es cierto".
Por ese motivo pienso que la edad es liberadora para los que pueden ejercitar la autonomía de pensar lo que les parece. Eso sí, creo que hay que poder fundamentar los propios pensamientos y no desilusionarse tanto porque la vida es otra cosa de lo que creímos. Durante el período de mi formación creí sinceramente en el respeto que les debía tener a las instituciones: familia, autoridad, justicia. Genera un cierto vértigo enfrentarse con la realidad de que ninguna de ellas es impoluta y hay que llenarse de valentía y a veces de dolor para desarraigar tanta creencia profundamente incorporada. Un ejemplo dramáticamente elocuente es la película Philomena. Se muestra con crudeza la ideología dominante y aplastante de unas religiosas irlandesas. A pesar de que estas "monjas" habían vendido y entregado al hijo de Philomena a una familia, ante sus propios ojos, ella, aun desgarrada por el dolor de esta abrupta separación de su hijo, había incorporado el concepto de pecado que las " religiosas" habían marcado a fuego en ella.¿ Como revelarse ante la autoridad, que insiste en acusar de pecadora a una muchacha que así lo cree porque lo dice la Iglesia? ¿Como se logra relativizar las palabras del poder?
Con el envejecimiento pasa algo parecido: durante muchos años imperó una creencia en relación a los adultos mayores que determinó su rol y participación en lo social y económico . En su momento, jubilación o retiro significaban un modo de sostenernos económicamente . No se cuestionó la influencia que el retiro tendría en nuestra vida, emocional y en nuestros recursos. En este momento dada la longevidad que se ha logrado y la problemática situación económica de los países, sumada a la tasa invertida de crecimiento y a otros muchos factores, se hace necesario salir del antiguo esquema para dar cuenta de una vejez participativa, activa y valorada por la misma sociedad. ¿Como revertir las concepciones imperantes acerca de la vejez y cambiar los paradigmas actuales, desvalorizantes? Esta es nuestra tarea. La vida es como uno la piensa y si pensamos en nosotros mismos participando en proyectos propios, auguro que tendremos años muy placenteros.
The same text in English
To speak of disillusionment first a word on illusion. Looking up the definition of
illusion - not in a psychology book-
I was surprised by its meanings in the Royal Spanish
Academy dictionary:
(From lat.
Illusio, - ōnis).
Of course
"chapeau” for the definition so contradictory and so real. Contradictory
with respect to what we commonly believe is an illusion
For me, as
for many others, illusions were the
north where to target our actions thus turning them into facts. How are illusions formed? They are bound to
achieve treasured goals. Generally these goals are not chosen with the knowledge
of what one chooses, but are created based on what individuals believe that
significant people and the sociocultural environment expects from us. With their
achievement people try to reinforce their self-esteem and it is believed that
this self-confidence is achieved if we consider that the expectations placed upon
us have been accomplished. How can we become loved by the social environment?
This process is not easy. It depends on the characteristics of the subject and
the surroundings. And here come in handy the definitions of illusion since if those illusions are nothing more than
the product of deception of the senses, and are not equipped with a true reality
- while their enforcement seems highly seductive and to achieve their end “we
welcome the execution of a task or thing " we're ultimately translating
something unknown.
Indeed, as explained
in one of the meanings, there is a hope that "seems”.... When we are young
we do not know for sure if we will be happy with the result of what we have decided
to start because there is a very innocent gaze on the issues we will face in
life.
I'll take
the family as an example.
In my youth,
couples were chosen in the twenties. Choosing a couple and taking it seriously
implied the possibility of starting a family, and thereby having children. What
do we know when we are 20 years old of marriage, children, family ties and
their vicissitudes? Nothing
We only
know what we have experienced with our primary family as well as some perception
of other families around us. Personally I was very influenced by what was good
for my family which meant: being pretty (actually a very difficult task to be
fulfilled simply by desire and such high standards) obedient, be responsible in
the studies (I started university at 16), precocious (I got married at 18 and
had my first child at 19 and my second daughter at 20) defend the family (I fought
tooth and nail for them) , admire man in general and my brother specially (which
a faithfully complied with until my forties)
What I
could express in four lines demanded 66 years of work, change, suffering and
freedom and here I conclude that aging disappoints illusion; but, is it important
to be disappointed form a lie?
On the
contrary, it is exciting to believe in what one perceives, thereby submitting
it to our criteria and trying to be honest with one-self and respectful with
others. It is not always possible to cast off what others want you to perceive
and to be able to separate from what others believe important but without firm
grounds. The illusion of an orderly world, with pure feelings and noble ideals,
is very nice. It promotes generous feelings, encourages solidarity but "it
is not true”.
Therefore I
think age is liberating for those who can exercise the autonomy to think what they
wish. However, I think we should be able to justify our thoughts and not be disappointed
because life is so much else than what we thought ………………………………... During my
training period, I sincerely believed in the respect owed to institutions:
family, authority, the law. It somehow generates vertigo to face the reality
that none of them are pristine and it takes a lot of courage and sometimes pain
to uproot so deeply embedded a belief. A dramatically eloquent example is the
film Philomena, where the ideology of a dominant and overwhelming harshness of
a group of Irish catholic nuns is shown. Although these “nuns” had sold and
delivered Philomena’s son to a family, before her eyes, even torn by the pain
of this abrupt separation, she had incorporated the concept of sin that this "religious
"women had branded upon her. How to stand up against an authority, which
insists of calling sinful, a girl who thinks this is true because the Church says
so? How can the words of power be disregarded?
With aging
something similar occurs: for many years a belief prevailed in relation to
older adults that determined their role and participation in social and
economic affairs. Some time ago, retirement or pension meant a way of supporting
ourselves financially. The Influence that the withdrawal
would have in our emotional life and in our resources was not questioned. Nowadays,
given the longevity achieved and the world financial difficulties, coupled with
inverted growth rate and many other factors, it is necessary to leave the old
scheme to account for a participatory, active and valued by society old age.
How to reverse the prevailing conceptions of aging and change the current
demeaning paradigms? This is our task. Life is as we think it and if we
consider ourselves engaged in personal projects, I predict that we will have
very pleasant years
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Silvia Crom
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jueves, 13 de febrero de 2014
Agradecimiento y comentario
He recibido muchísimos comentarios elogiosos y confieso que me alegraron muchísimo. Lo que también me gustó es que encontraron que el blog es valiente, ya que posibilita expresar lo que muchos callan. Les agradezco enormemente. Quisiera saber porque lo hacen de forma anónima. Esto imposibilita mi repuesta personalizada. Pueden también generar un mail con un nick name para que pueda responderlos. Incorpore un gadget donde pueden introducir vuestro mail, que no será publico, solo le permitirá al sistema que les envíe automáticamente información sobre publicaciones nuevas de mi blog.
Anímense a personalizar los comentarios, aunque sea con un nombre de fantasía para que pueda ir incorporando temáticas que les preocupe o interese.
Para los que están en el exterior, porque no pensar en armar pequeños grupos de reflexión por Skype?
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Publicado por
Silvia Crom
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miércoles, 12 de febrero de 2014
Un caso de depresión? Una historia de vida femenina
Este trabajo lo he presentado hace muchos años en unas jornadas. Obviamente ninguno de los nombres, edades y/o actividades son los de mi paciente o su familia.!!! Advertencia ¡¡¡ El que no es profesional en psicología puede llegar a aburrirse a la mitad del trabajo o tal vez antes.
Miguel De Unamuno, en su libro Niebla, dice
"…Los hombres no sucumbimos a las grandes penas ni a las grandes alegrías
porque esas penas y alegrías vienen embozadas en una inmensa niebla de pequeños
acontecimientos. Y la vida es esto, la niebla…." . Yo creo que nosotros,
terapeutas, trabajamos junto a nuestros pacientes con los relatos que ellos nos
hacen de sus vidas, o sea que al decir de Unamuno con la Niebla, intentando
desentrañar de ella a los pequeños grandes acontecimientos que marcan sus
creencias, condicionan sus conductas y
modelan su afectividad.
El propósito
de este trabajo es reflexionar acerca de la problemática, La Niebla, de muchas
mujeres que presentan síntomas depresivos y que están estrechamente
relacionados con su posicionamiento vital.
Esta es la
historia de María o cualquier otra envuelta en su propia Niebla. María proviene
de una familia de clase media. Hija mayor de tres hermanos. El único varón era
su hermano del medio, Ignacio, al que ella le llevaba dos años. Carolina es la
hermana menor, con una diferencia de dos años con su hermano Ignacio y de
cuatro años con María. A Ignacio le diagnostican a sus seis años una patología
neurológica con un pronóstico de deterioro creciente en sus funciones, y así
fue que poco a poco no pudo caminar, debía ser transportado en silla de ruedas.
Esta enfermedad lo llevó a la muerte a
los diecisiete años. Desde la leyenda familiar, María relata que a causa de
este diagnóstico la madre comienza a tomar alcohol por un período muy corto,
razón por la que asiste a Alcohólicos Anónimos donde logra su recuperación y
sigue asistiendo hasta el momento. Describe a su madre como pasiva y a su padre
como un hombre muy ligado a su mujer en una relación simbiótica y con
dificultades para tener una estabilidad económica, con una actitud dispendiosa
que lo hace correr riesgos patrimoniales.
Indagando su
historia vimos cómo la enfermedad del hermano y la aflicción que generó en sus
padres marcaron en María la necesidad de ser una chica que no trajera
problemas; ya era suficiente para sus padres la enorme preocupación por el
destino de su hermano y, además, sus propios temores por la salud de su madre.
Obviamente nada de esto era consciente. María se describe como una chica muy
dócil, querida y mimada por sus padres. Le iba muy bien en el colegio pero para
sus papás no era muy importante, ya que María
se casaría y eso era lo más importante para ellos; y lo que era
importante para ellos también lo era para sí misma. Esto nunca fue dicho pero
estaba sobreentendido.
Cuando
creció, ingresó a la universidad. Estudiaba y simultáneamente trabajaba, tenía
18 años. Su única experiencia de pareja anterior al matrimonio es la de haber
salido con un chico muy divertido y ella acota "que él fumaba
marihuana". En este contexto, a las pocas semanas de cortar su relación
con él conoció a un muchacho muy serio, buen mozo y emprendedor y que al poco
tiempo le ofreció casamiento; ella lo aceptó encantada. Ahora se cumplirían los
anhelos suyos y de los padres. María nunca había pensado en qué implicaba el
hecho de casarse, nunca se le ocurrió que ella podía y debía pensar acerca de
su propia vida, cómo quería que fuera.
Y éste es un
hecho muy común, es una creencia que tuvo y aún tiene el aval social, que se
asemeja a los cuentos infantiles, donde es habitual que el final de una
historia sea el casamiento y como consecuencia se predice una vida feliz,
comiendo perdices y “colorín colorado el cuentito se ha acabado”.
Pero la
verdad, es que con el casamiento no sólo no acaba ningún cuento, sino que es
donde se inaugura otro capítulo de la vida, supuestamente adulta, tal vez el
más importante y fundante, en la medida que se forma una familia y con el
advenimiento de los hijos se estrenan funciones y lazos a perpetuidad.
En María el casamiento implicó no sólo dejar
la casa de sus padres, sino que también dejó sus estudios, dejó su trabajo y
nada de esto se hizo con pena. La vida de algunas mujeres que se casan es así; abandonan todo
para dedicarse al marido y a los hijos, y además, si sienten nostalgia y
malestar, aunque sea tardíamente, por tanta renuncia sin consciencia, se
asombran de lo que les está pasando. Se preguntan: ¿Me estaré volviendo loca?
¿De qué me estoy quejando?
El único
ejemplo vívido que ella tenía de ser la esposa de alguien era el de su Mamá. Su
Mamá a su vez había aprendido a ser mujer de su propia Mamá, o sea de la abuela
de María; y todas ellas, que no habían pensado en este complejo proceso, se
deslizaban al matrimonio asintiendo sin saberlo, que el marido era aquel que se
ocupaba de las decisiones importantes
con respecto al trabajo, al dinero y de paso a la vida en general.
María pasó
de la dependencia de sus padres a la de su marido. Lo que era una modalidad
consensuada en época de su abuela fue cambiando en forma imperceptible en época
de su madre e indudablemente en la época que a ella le toca vivir.
María nunca
había pensado que ella tenía que pensar qué quería ella para ella, si le
gustaba esto o aquello, si lo quería hacer así o asá o si compartía criterios
con su marido. Se querían y gustaban y eso era suficiente.
Su vida de
casada se fue desenvolviendo como Dios manda, esto quiere decir como ella había
aprendido que debía ser.
Tuvo tres
hijos, siempre estaba muy atenta a sus necesidades y muy pero muy ocupada,
cumpliendo con todo lo que ella creía que quería y se esperaba de ella.
En un
momento dado María empezó a sentirse muy triste, con muchas ganas de llorar y
no sabía por qué. Tenía supuestamente todo lo que creía que debía querer: un marido que se ocupaba
de lo económico exitosamente, tres hijos, que a su parecer eran divinos, de
once, ocho y cinco años, salud, una casa muy agradable, auto, vacaciones,
viajes, salidas entretenidas con amigos del matrimonio. En este momento, a sus
32 años llega María a la consulta psicológica.
Relata no
tener ganas de hacer nada, no come, no duerme, tiene ganas de llorar todo el
tiempo, siente que hace todo mal, se olvida de hacer cosas, se irrita
fácilmente. Ella decía "…me desconozco, no parezco YO". Comenta al
pasar que si está viendo televisión y escucha que llega su marido se incorpora
inmediatamente y aparenta estar arreglando placares. Refiere haber tenido
algunas discusiones con su marido y él la ha insultado, además nota que no
puede disponer dinero con cierta libertad ya que todo lo debe consultar con él.
Sus fines de semana los detesta, está sola llevando a los chicos de aquí para
allá y su marido, al que le encanta
jugar al golf, dispone de esos días para su deporte, del que ha llegado
a ser campeón. Ella piensa "…Claro,
trabaja tanto que bien merece este esparcimiento”.
María está
perdida, desvalorizada, anónima para ella misma. No sabe quién es , ni qué
quiere.
Podemos
seguir el despliegue de sus de creencias arraigadas puestas en acción. Comienza
su matrimonio sintiéndose querida y halagada por su marido. Nacen sus hijos como
consecuencia natural de haberse
casado, se ocupa naturalmente de
ellos, es natural pasar noches en
vela a su lado, es natural aprender
sus necesidades, contenerlos, impulsarlos, enseñarles cada una de las cosas que
van aprendiendo. Es natural estar
atenta a su salud, alimentación, vestimenta, rendimiento escolar, vida social y
deportiva. Es natural que la casa
funcione estando abastecida, con la ropa al día, las camisas del marido
planchadas y sus pantalones de tintorería, es natural que los arreglos de los desperfectos hogareños que sucedían
fueran subsanados rápidamente, es natural
llevar la agenda familiar y social de los cumpleaños convirtiéndose en la
memoria de hijos y marido efectuando las compras de los regalos respectivos, y
estar atenta a su familia primaria como así también a su familia política y
etc., etc., etc.
Todo esto
que se describe como natural deja de
ser importante, porque sólo es lo
que se debe hacer. Y si para colmo de males estas mujeres tienen una empleada
que las ayuda, mucho peor; ahí si que su desempeño es evaluado como nulo.
Parecería que la tracción a sangre es la medida del sacrificio y el parámetro
de lo valioso. Este punto es relevante con respecto a las creencias femeninas,
ya que veo con enorme asiduidad que lo que está ligado a la acción y al
cansancio físico o psicológico por las tareas relacionadas con lo cotidiano de
la casa y la familia les está vedado reconocerlo a ellas mismas, pueden admitir
que sus maridos sientan cansancio en sus respectivos trabajos y deleguen tareas,
pero para ellas, tener ayuda lo viven como una comodidad que les quita mérito.
Hecho que los maridos confirman.
Convengamos
que es poco frecuente que en la vida diaria se halague explícitamente a la
mujer porque los chicos estén bien o porque la casa funcione. Esto es lo que corresponde. Tampoco nadie piensa, ni
ella misma, que también se puede decir: Claro, trabaja tanto que merece algunos
momentos propios, para lo que ella decida.
Nada de lo
que ella hacía tenía valor. Ella lo creía así. Todo este proceso se fue
desarrollando a lo largo de 12 años de su vida donde también es natural que en
el fragor de la rutina se interrumpan, por tácitos, los sentimientos explícitos
de afecto y de halago.
María no había incorporado aún el ingrediente
fundamental que es "ser ella misma" que es lo que necesitamos también
los adultos para sentirnos bien, no
confundirnos con el otro, ejercitar nuestra libertad de pensamiento y acción,
poder fundamentar lo que queremos y sentimos y ser respetados y reconocidos por
eso. Necesitamos sentir que existimos. Recuerdo un paciente que me decía
"…Porque yo con mi mujer, juntos, codo a codo, somos mucho más que dos; y
recuerdo que le contesté que ahí justamente residía su problema, ya que solo se
sentía mucho menos que uno…" Y así se sentía María, menos que uno y no
existía el codo a codo.
Este proceso
que consiste en estar atento a la propia existencia parecería ser muy natural, pero no lo es. Es interesante
ver cómo, cuando nunca se ejercitó el identificar y reconocer los deseos
propios, aparece una sensación de discapacidad para lograrlo; y realmente no es
fácil, porque esos deseos andan entremezclados con los deseos de los otros
significativos, y aquí aparece un área de trabajo fundamental que es la
discriminación.
Estos procesos
de búsqueda de la propia identidad y de una identidad valorada siempre son
costosos, pero aún lo son más cuando se deben concretar al lado de un marido
que a su vez viene con sus propios mandatos histórico familiares y opone
resistencia al cambio.
Otro de los aspectos importantes a tener en
cuenta es que a las mujeres que acceden a la maternidad sin haber alcanzado una
autonomía personal les resulta enormemente difícil la crianza de sus hijos, ya
que, al ser ellas aún niñas emocionalmente, hace que la tarea de educar sea una
materia conflictiva y generadora de enorme inseguridad, ansiedad, angustia y
cansancio. En general no se sienten tranquilas con los límites que ponen, dudan
acerca de lo que corresponde o no y esperan muchas veces que los maridos las ayuden con esto. Éste es otro flanco de
labilidad que la mayor parte de las veces lo traen a la consulta lateralmente
sin registrar el cuantum de energía y aflicción que esto les provoca.
En el caso de Juan, el marido de María, él
provenía de una familia en la que los roles de los hombres eran fuertes, igual
que en la familia de ella." Refiere que el padre de Juan era muy autoritario.
Veamos cómo se armó la pareja de María y Juan; al casarse formaron lo que yo he dado en llamar una Sociedad de Responsabilidad Compartida en la que la división de tareas está acordada tácitamente, ya que de esto no se habla en general cuando las parejas son muy jóvenes; para los fines prácticos, fue así: María manejaría la casa, los hijos y lo social, y él trabajaría para sostener económicamente este engranaje. Si suponemos que esto que se estipula sin hablar y sin saber, supone que los dos miembros de esta sociedad tienen un acceso libre y equitativo a todo lo que vienen desarrollando individualmente, ya que de eso se trata una sociedad, nos estamos equivocando. Lo que sucede habitualmente es que se rigidifican los roles y la mujer queda aislada de la vida productiva económica de su marido, en una palabra, del mundo del afuera; y el marido queda excluido de la educación y la cotideaneidad de los hijos y de la casa, en una palabra, de la dinámica del adentro. Es usual que las mujeres sientan a sus hijos y a la casa mucho más de ellas que del marido y que el marido sienta que su empresa, su trabajo, el mundo laboral, es de él. Vemos cómo los estatutos, nunca explicitados, de la Sociedad de Responsabilidad Compartida, generaron un atrincheramiento de cada uno en funciones que fueron adquiriendo una rigidez nociva. Parecería que se ha convertido en una Sociedad de Responsabilidad Limitada.
Veamos cómo se armó la pareja de María y Juan; al casarse formaron lo que yo he dado en llamar una Sociedad de Responsabilidad Compartida en la que la división de tareas está acordada tácitamente, ya que de esto no se habla en general cuando las parejas son muy jóvenes; para los fines prácticos, fue así: María manejaría la casa, los hijos y lo social, y él trabajaría para sostener económicamente este engranaje. Si suponemos que esto que se estipula sin hablar y sin saber, supone que los dos miembros de esta sociedad tienen un acceso libre y equitativo a todo lo que vienen desarrollando individualmente, ya que de eso se trata una sociedad, nos estamos equivocando. Lo que sucede habitualmente es que se rigidifican los roles y la mujer queda aislada de la vida productiva económica de su marido, en una palabra, del mundo del afuera; y el marido queda excluido de la educación y la cotideaneidad de los hijos y de la casa, en una palabra, de la dinámica del adentro. Es usual que las mujeres sientan a sus hijos y a la casa mucho más de ellas que del marido y que el marido sienta que su empresa, su trabajo, el mundo laboral, es de él. Vemos cómo los estatutos, nunca explicitados, de la Sociedad de Responsabilidad Compartida, generaron un atrincheramiento de cada uno en funciones que fueron adquiriendo una rigidez nociva. Parecería que se ha convertido en una Sociedad de Responsabilidad Limitada.
Lo que
encontramos en este punto es que ya ninguno de ellos tiene 20 años, están transitando
los treinta y pico, ya no hay bebés en la casa, la exigencia del adentro va
cediendo paso a otras necesidades y alguno de los miembros de la pareja
confusamente empieza a no entender cómo se llegó hasta aquí. En este caso María
denuncia con su malestar su disconformidad.
María fue transitando por diferentes momentos
en su terapia, en la que se trabajó su sobreadaptación
a las normas para no traer problemas y ser querida por ello, el esfuerzo que
realizó siempre negando el desplazamiento que había sufrido, no sólo por el
nacimiento de su hermano sino porque además venía con una enfermedad que
capturó y supuestamente enfermó a su madre, y la rabia que le produjo esto. Se
le mostró el comienzo de la desvirtuación
de sus sentimientos, ya que
para ayudar a cuidar a su hermano, a
pesar de que le diera vergüenza, pensando que era mala por sentirse
avergonzada, lo paseaba por las calles en su silla de ruedas. Pudimos
relacionar en parte su casamiento precoz, a sus 19 años, como una forma de
alejarse de tanto dolor familiar por la muerte de su hermano. Vimos que la
elección de Juan representaba un modelo distinto del de su padre en cuanto al
desempeño económico, razón por la cual ella se desentendió de sus propias
actividades en las que había sido exitosa; ahora podía seguir el modelo materno
de dependencia, Juan era confiable, incluso para cuidar a sus padres. Se
trabajó el vínculo con sus padres en el que su rol era de hija/madre, ya que si
bien los idealizaba, por otra parte captaba su condición endeble de forma no
consciente y por eso los cuidaba y no quería llevarles problemas, por el
contrario, se los solucionaba. Se trabajó sobre la modalidad silenciosa de su
familia, ya que no decían nunca lo que les estaba pasando y María estaba
siempre atenta para descubrirlo, y cuando lo descubría se hacía cargo: como
ejemplo, este padre dispendioso sin comentar llegó a endeudarse al punto de
casi perder todo, debió recibir ayuda económica de ella y de su marido y nunca
más mencionó esta deuda. Su madre callaba. Se trabajó cómo la presencia de sus
síntomas la protegían de tomar una conducta activa de enojo con lo que no le
gustaba en general y con su familia primaria y su marido en particular. Se
cuestionó fuertemente sus creencias acerca de lo que era natural y de lo que
era importante. En este punto se ve con muchísima claridad cómo el valor cultural- social asignado
al trabajo del afuera, del mundo laboral en este caso del hombre, desvirtúa el
accionar de las mujeres que se avocan a las tareas del cuidado de la familia,
ya que para mostrarle a María cómo ella desvalorizaba su trabajo cuestioné con
humor la actividad del marido del siguiente modo: María, vos decís que tus
actividades no son importantes porque tenés ayuda para el trabajo pesado y por
eso no tiene valor. Quiero preguntarte sobre la actividad de tu marido, me has
dicho que él tiene negocios donde vende ropa de mujer que ellos fabrican, no?
Tu marido corta esas prendas?, las cose?, limpia los locales personalmente?
Hace las vidrieras? Limpia los baños? Obviamente la respuesta era que no hacía
nada de todo esto, sino que era el que pensaba y delegaba tareas y diseñaba
estrategias de venta, supervisaba la calidad y controlaba el rendimiento y la
expansión de su empresa. Esto sirvió para mostrarle cómo ella se pensaba a sí
misma y cómo lo pensaba a Juan. Ya que con sus respectivas empresas, ella la
casa y él en sus negocios, funcionaban de un modo similar. Se trató de darle
confianza en sí misma valorando en su medida todos los esfuerzos realizados en
relación con sus hijos y recalcando el esfuerzo doble que esto implicó para
ella, ya que a su edad, mientras se encontraba cambiando pañales en su casa, el
resto de sus amigas ocupaban su tiempo bailando o yendo de aquí para allá
haciendo experiencia. Se valorizó el coraje que tuvo para adquirir tantas
responsabilidades sin haber tenido el tiempo suficiente para ella de transitar
más libre por la vida y de ese modo desarrollar lo que ahora estaba
desarrollando, que es el permiso de ser ella. Pudimos hacer foco en el tema de
la educación de los hijos y los límites, ya que parte de su agobio era
solucionar cada requerimiento de los hijos como cuando eran bebés, y aquí se
trabajó la importancia de poder adoptar conductas nuevas para nuevos
acontecimientos. Los chicos no eran bebés y ella ya no tenía veinte sino
treinta.
Se hizo
hincapié en la fuerza de lo cultural
inyectado vía familia acerca de los roles
femeninos y masculinos. Se
planteó el concepto de estructura familiar que tiende a mantenerse en
equilibrio y que el cambio de uno de sus miembros trae aparejado una nueva
coreografía que suscita un enorme malestar. Obviamente, a medida que María se
iba revalorizando el marido se enojaba cada vez más. María estaba cambiando,
requería tiempo de él, diálogo, comprensión, reconocimiento, tiempo libre para
ella y el respeto tanto de su persona como de sus tiempos. Éste fue un momento
muy duro para María, ya que su marido nunca había sentido que las cosas no
estaban funcionando bien, por lo tanto consideraba los cambios de María como
consecuencias del accionar de "estos psicólogos" como él le decía, en
este caso Yo. María estaba tan asustada que por momentos ella también creía que
era su terapia la que había generado todos estos encontronazos y no que era
ella misma la que no soportaba más la angustia con la que estaba viviendo
anteriormente. La dificultad para poder discernir lo que admitiría y lo que no,
fue muy grande. El hecho de que sus padres pudieran enterarse de sus problemas
la angustiaba, debía seguir cuidándolos. Poco a poco algunos de los problemas
de su psicología se fueron transformando en problemas de la realidad, ya no
está deprimida, se siente bien y activa. Nota la dificultad de ella para decir
no, para hablar de sí misma, para hablar de sus padres, para compartir lo que
le pasa con amigas. Empezó a hablar más y a poner algunos límites a los chicos
y tímidamente a su padre y a su marido. Identifica claramente el proceder de su
marido y en algunos aspectos no coincide ni en lo que piensa, ni como lo dice.
Retomó sus estudios, comenzó a trabajar y sigue luchando para que su marido
acceda a una psicoterapia. Su tratamiento lleva menos de un año y
permanentemente se están reforzando sus descubrimientos y señalando sus
encubrimientos .
He traído
este caso por las miles de Marías que existen y por la gran cantidad que veo en
mi consultorio.
Dado mi modo
heterodoxo de trabajar, he ido incorporando distintos enfoques para la escucha
de mis pacientes. Me ha sido de enorme utilidad tomar en cuenta la variable de
género y la incidencia que tiene lo cultural en el desarrollo de estas
estructuras psíquicas femeninas, ya que puedo concluir que mas allá de cada
historia particular, de cada entramado histórico personal, a pesar de que los
tiempos han cambiado, los mandatos femeninos de "obediencia debida"
siguen operando aún con la fuerza de la legalidad de lo que debe ser,
convirtiendo a las propias mujeres en las perpetuadoras de lo mismo que las
sojuzga.
La
posibilidad de pensarse autónomas y decidiendo con respecto a su propia vida
les resulta impensable a un gran número de mujeres que aceptan sin cuestionar
este lugar de sometimiento.
Es indudable
que el beneficio secundario de esta postura es sentirse protegidas, aunque no
lo estén. He visto muchas mujeres poner en mano de sus maridos su patrimonio
personal y luego quejarse que su marido les da poco dinero para vivir, aunque
él gaste indiscriminadamente. La idealización del cónyuge, como la de los
padres, les permite vivir en un mundo ilusorio de cuidado, transformándolos en
más que humanos. Ellas están llenas de dudas y suponen que el hombre no y que
los padres tampoco Esta negación las envuelve en una trampa sin salida. Cómo
revelarse ante lo que se cree, lieralmente, " ciegamente". Esto da pie a mostrarles que valiente no es el que no
tiene miedo, sino aquel que lo enfrenta y lo atraviesa. Los padres no son Dioses, los hombres también
tienen miedo. Los hombres también pueden ser sobreadapatados como ellas, aunque
ninguno de los dos lo sepa.
La
valorización de la actividad de la mujer en la crianza de los hijos y el
trabajo que esto conlleva se ve desdibujado por la importancia que tanto
hombres y mujeres le asignan a la provisión económica. Este fenómeno justifica
a algunos hombres para desentenderse de lo que implica la paternidad en cuanto
a compartir con sus mujeres criterios de educación de sus hijos, que también es
sumamente importante.
Los hombres,
al igual que las mujeres, están atravesados por la cultura, razón por la que
quiero recalcar que no se trata de víctimas o victimarios sino de humanidades
en sus Nieblas, marcados por las diferentes culturas particulares y englobados
en una cultura dominante. El rol de algunos hombres es tan duro como el de
algunas mujeres en la medida que están rígidamente designados para cumplimentar el lugar de la autoridad,
sostén económico, fortaleza y etc, etc, etc.
Tema complementario del que hoy expongo, que espero poder desarrollar en
otro trabajo.
Este tipo de
problemática sigue y seguirá abundando en nuestros consultorios, y será tratada
en forma particular, de acuerdo al saber y entender de cada terapeuta. Cada
caso obtendrá un grado de éxito determinado, siempre que no fracase el vínculo
terapéutico. Pero además del enfoque clínico necesario, y dadas las
incuestionables raíces culturales de este conflicto, es algo que sin dudas
merece ser tratado a nivel de la PREVENCIÓN.
Es por eso
que me parecería de enorme utilidad, a modo de prevención, planificar e incluir
en la educación de los jóvenes, como parte de su formación, un trabajo
concienzudo acerca de: 1) Incidencia de lo cultural en los roles femeninos y
masculinos. 2) Búsqueda de la propia identidad
3) Autonomía responsable 4) Trabajo y matrimonio como proyectos de vida.
Que en definitiva es lo que he señalado en los diferentes items de esta
presentación.
Para
concluir quiero compartir con ustedes, colegas, trabajadores de La Niebla,
depositarios de tantas lágrimas de nuestros pacientes, una definición que he
extraído hace años de la autobiografía de Frida Khalo acerca del significado de
la palabra Lágrimas, que dice: Lágrimas: Negativo de la sangre, en el fondo lo
mismo. Fluidificación de las palabras, del cuerpo. Licuación de las heridas
cuando no cicatrizan.
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Silvia Crom
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martes, 11 de febrero de 2014
De las exigencias
Existe la posibilidad de vivir sin esfuerzo?
Hubo un momento en el que las mujeres o los hombres
asumían el hecho de envejecer sin problema?
Desde el nacimiento, tenemos que trabajar para lograr
los aprendizajes necesarios para vivir.
Erguir la cabeza, conducta aparentemente sencilla, se
logra no sin antes insistir reiteradamente en su realización. Por ejemplo, mi
nieto mayor, siendo un bebe quería levantar su cabecita para identificar de donde
venían sonidos que percibía, la voz de sus padres o simplemente para mirar y le
costaba mucho, claramente no era consciente de su acción, pero activamente lo
intento hasta que lo logro.
Esto sin duda le requirió mucho esfuerzo. Yo creía de
chica que una vez terminado el colegio se acabarían mis obligaciones. Que
ilusa. El hecho de tener que levantarme temprano en invierno me daba pena de mi
misma. Hoy, lo recuerdo y me pregunto que me estaría pasando para sentir pena
por tan poco? Obviamente las obligaciones requerían de mi, un esfuerzo.
Probablemente el esfuerzo era tal, porque tenia cinco años cuando empece mi escuela
primaria.
Hasta el
fin de nuestros dias se requiere nuestro trabajo. Esta participación puede ser
activa o pasiva, consciente o inconsciente.
Creo que cada época propone modelos distintos acerca
de lo que se espera de los individuos en las diferentes etapas de la vida y
cada uno los incorpora de una manera personal. Esto depende de las
características propias de cada uno , dadas por la conjunción de lo genético,
mas los aprendizajes adquiridos en el seno de cada familia que a cada individuo
le ha tocado en suerte o en desgracia, sumando el contexto mas amplio como el socio/
económico y cultural con el que hay que lidiar,
a lo que agregamos los factores fortuitos que debamos enfrentar.
La interacción de todo esto da como resultado: "ser cada uno de nosotros". Tan parecidos y tan diferentes.
a lo que agregamos los factores fortuitos que debamos enfrentar.
La interacción de todo esto da como resultado: "ser cada uno de nosotros". Tan parecidos y tan diferentes.
Cada uno enfrentara las etapas vitales a su manera, con sus posibilidades. Esta forma, en muchos casos, puede ser cambiable porque gracias a la interacción con los otros y el
mundo se pueden agregar o desechar creencias.
Por eso creo que el esfuerzo es ineludible. El quid de
la cuestión esta, en donde uno pone el acento o lo quita.
Recibí un comentario vía mail, donde hay una reflexión
acerca de las mujeres de esta época que se ven exigidas a ser lindas, flacas,
exitosas, jóvenes y aun así, es posible que su pareja llegada cierta edad, se
vaya tras una jovenzuela.
Si esto le llega a suceder a alguna le sugiero
alegrarse. Se ha quitado de encima, sin quererlo, a un inmaduro crónico, sin
arreglo. Estas personas creen que se mimetizan con la juventud del otro y lo
que yo veo es que el que es mayor, sigue siéndolo y el menor también. Cada uno
con sus usos y costumbres ligadas a sus edades respectivas y que después de
cierto tiempo, para que eso dure, requiere un enorme esfuerzo de ambos. Amen de
las paternidades tardías con la consecuente posibilidad de acompañar menos
tiempo a sus nuevos hijos, de traerle problemas de confusión y rivalidades con
los viejos hijos o con los hijos viejos, esto parece un chiste, pero dada la longevidad de los padres coexisten padres muy mayores con hijos también muy
grandes.
Yo creo que las exigencias han estado siempre, pero
bajo diferentes formas. Recuerdo a mi abuela materna que tenia una tendencia a
engordar y para no hacerlo comia la cascara de la manzana y no la fruta.
Lo cierto es que la Monalisa era gordita y uno se
pregunta porque no se vuelve a esos ideales de belleza? Estoy segura que no se vuelve a
ellos porque cambiaron los parametros de "lo saludable", se estudia
tan minuciosamente todo, hay tantos mas recursos tecnológicos, que se sabe con
mayor precisión lo que beneficia nuestra salud física y por añadidura la
emocional, ya que el ejercicio aerobico genera endorfinas y estas mejoran
nuestro animo.
También hay que decir que alrededor de lo estético, se
generaron muchos intereses y negocios ligados tanto a la alimentación como a la
actividad física, dando lugar a industrias como la de la vestimenta y calzado
deportivo, la creación de gimnasios, aparatos, dietas y todo lo relacionado con
sostener la losania del cuerpo y la de los industriales también.
No vi a mis abuelas usando joggin. No hacían footing,
ni streching, no participaban en maratones, ni integraban grupos de gimnasia en
las plazas. Probablemente el esfuerzo de ellas fuera aguantar a sus maridos, no
tener independencia económica y libertad para decidir y enfrentar lo que
quisieran. En ese sentido creo que la época que nos toca vivir es una bendición
para algunas occidentales.
Digo para
algunas porque estos devaneos pueden darse cuando se tiene " la panza
llena" y" el corazón contento" y aunque no tengamos ni la panza
llena por elección , ni el corazón tan contento, no nos acucian necesidades
básicas o preocupaciones profundas que facilitan pensar en estos términos. Hablo de mujeres de 60 o más.
Lo que me sorprende es que hace tres años yo tenia una
mirada diferente con respecto a la apariencia y a las cirugías estéticas, me parecían
innecesarias. Hoy las acepto y hasta me entusiasma la idea ya que muchas veces
produce sufrimiento el verse mal. Respeto al que quiera y pueda verse mas
armónico. Si verse mejor las ayuda, escúchense.
Si consideramos que tenemos " toda la muerte por
delante" en la que no tendremos necesidad del cuerpo, mientras lo tengamos
podemos tratarlo cariñosamente y ademas plancharlo, estirarlo, desmancharlo,
lustrarlo para vernos mejor.
El lucir mejor en este caso es para uno. Nuevamente me
referiré a uno de los mails que recibí donde se explícita que hoy en día, a los
40 años se le nota a las mujeres el cansancio en la cara por sostener las
exigencias múltiples de la vida contemporánea y en esto disiento. Creo que es
verdad que se le empieza a notar un cambio en la fisonomía de las mujeres de
esa edad, pero a mi modo de ver, es la marca de los aprendizajes que se ven por
fuera y que suceden por dentro. Comienzan a esbozarse cambios de prioridades y
ya a esa altura de la vida han habido, en general ,varias elecciones hechas, y
transitadas a saber: pareja/matrimonio si o no, hijos ya tenidos o por tener o no tener, desenvolvimientos laborales ya elegidos o en revisión, etc
Todo a lo que aludo habla de esfuerzos, expectativas,
ilusiones, frustraciones, idealizaciones y confrontaciones con la realidad, que
obviamente dejan su rastro siempre. Nuestras abuelas a los cuarenta años
parecían mucho mayores que las mujeres actuales de la misma edad. Por ahora no
hay modo y a mi juicio no hay necesidad que se eluda la evidencia de lo vivido.
Por eso a veces me parece contradictorio querer sacarme las arrugas, que al
igual que el titulo de uno de los libros de Pablo Neruda, dicen " Confieso que he vivido".
No necesariamente una
persona que tiene su cara como un pergamino ha vivido mas intensamente que otra
cuya piel esta muy bien. Por eso en el ultimo tiempo, pienso que no se confiesa
lo vivido por lo externo sino por como están metabolizadas y sedimentadas las
experiencias transitadas, hecho que determina como cada cual se planta ante si
mismo y los demás. Sentirse bien con uno, de adentro y de afuera es algo a ser
tomado seriamente.
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Silvia Crom
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lunes, 27 de enero de 2014
La conciencia de envejecer
Todos los procesos vitales llevan un tiempo de elaboración, aunque no nos demos cuenta. La diferencia con lo que sucede en la naturaleza es que, en los seres humanos, el producto de estos cambios no es cíclicamente repetitivo y nada se manifiesta igual año tras año, ni día tras día. La vida es un continuo en el que un momento sigue al otro y se atraviesan experiencias semejantes entre los seres humanos, pero éstas son experimentadas en formas y tiempos diferentes, y producen sensaciones particulares, interpretaciones singulares e intransferibles de un mismo suceso. Recuerdo que mi madre me dijo a sus 70 años que recién se estaba dando cuenta de que estaba envejeciendo. Yo, que para la época tenía cerca de 50 años, me sorprendí y pensé ¡¡¡cómo!!! ¿no lo ha sentido hasta ahora? Yo creía que, al ser un proceso, en todo momento ella había estado al tanto del mismo. Como hija, yo sí lo iba percibiendo en ella y me entristecía. Hoy me doy cuenta, a mis 66 años, que el envejecer, por lo menos hasta la edad que estoy transitando y de la que puedo dar mi testimonio, no es un estado que se adquiere de una vez, por el que se accede al status de viejo. Hay, más que nada, un interjuego en el cual tenemos vislumbres de lo que nos está sucediendo, pero esas visiones alternan con momentos en los que no nos damos cuenta, y seguimos viéndonos, en nuestro interior, como éramos antes, mucho mas jovenes.
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Silvia Crom
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viernes, 9 de agosto de 2013
sábado, 3 de septiembre de 2011
Prólogo - Reflexiones de una mujer de 60.
De La Nuca
Nací en 1947. En el momento de escribir esto tengo 63 años; y me encuentro con que a esta edad suceden muchos cambios que se evidencian en el cuerpo y en la mente, en nuestra psicología, en nuestras creencias. ¿Tal vez, también en el alma?
Soy madre de dos hijos ya casados, soy abuela y estoy enamorada de mis nietos, tengo un marido con el que me llevo muy bien, soy psicóloga, trabajo, hace tiempo que estoy tratando de ponerme a escribir, pero no encontraba ni el sujeto acerca del que quería escribir, ni el modo. Mi marido y mis amigas me alientan permanentemente a que lo haga, y una de ellas me señaló que era una pena que no ejercitara mi humor como lo hacía tiempo atrás.
A partir de ahí, algo pasó; y casi sin darme cuenta me reconecté con esa parte irónica y bromista que me permite hablar de lo que me preocupa (o de lo que me ocupa), y de las cosas que me pueden causar tanto risa como dolor, alternativa o simultáneamente. De lo que no hay duda es que me provoca es un enorme placer poder hacerlo.
Después de tres años de escribir en mi blog sin rutina , últimamente le dediqué mas tiempo y tuve una participación mas frecuente y activa en él. Hasta hace poco tiempo mi escritura, no tenía mas finalidad que expresarme. Sin saber las derivaciones que podía tener, en octubre de 2013 en Francia, visité a la Dra Marie Francoise Fuchs presidenta de la Organización OLD UP quien se mostró muy interesada en mi escritura, ligada a "El envejecimiento" y es así que mediante su recomendación, hoy soy miembro responsable para La Argentina, de la Organización internacional " Pass It on Network".
Esta organización está al servicio de el reposicionamiento del adulto mayor tanto en el ámbito personal, social como laboral..Cuando se ayuda a mejorar todos estos aspectos por carácter transitivo se mejora el estado de ánimo. Vislumbrar un nuevo sentido a la propia existencia tiene un impacto positivo para uno mismo y el entorno.
Recuerdo siempre una frase que he repetido incansablemente desde que me la dijo, hace años, la madre de una amiga: “No te quejes, nunca serás tan joven como hoy”. Es una verdad obvia, pero por serlo no se toma conciencia de eso. Por lo tanto gocemos de la inmejorable juventud de cada día. Que como verán, si las personas crean y tiene una actitud pro activa de conocer y contactarse, algo aparecerá en sus horizontes para aportar sentido y entusiasmo a este tramo de la vida
De Los Ojos
Los ojos pierden la nitidez y se necesita más de un par de anteojos para circular por la vida. Esto es una ventaja, ya que si vieras el proceso en toda su dimensión, la aceptación de los cambios en nuestra cara y en nuestro cuerpo sería más difícil aún.
La naturaleza se mezcla con nosotros. O nosotros nos mimetizamos con ella. A cierta edad, es frecuente el diagnóstico de cataratas ¿A quién se le puede ocurrir que podemos llevar un accidente geográfico en esa parte tan importante de la cara? Queremos verlas, no poseerlas.
Algunas personas mayores ven una especie de mosquitas (género insectos) transitando por sus ojos indisciplinadamente. No son alucinaciones, quédense tranquilos. Son producto del envejecido humor vítreo, que le trae aparejado al portador un humor de perros (reino animal). No caben dudas acerca de nuestra integración y fusión con el todo.
De la Pinta
Pienso en la Pinta y me viene a la cabeza La Niña; no por mí, sino por las carabelas. Pero además, creo que la Pinta y La Niña nos habitan. Obvio que ahora no hablo de las carabelas. Tanto una como otra deben dejar paso a otra “pinta”, y la niña debe devenir en individuo o individua (como diría nuestra presidenta), hecho que no siempre sucede.
¿Debo apegarme a mi aspecto exterior, que va a cambiar indefectiblemente? La actitud más adecuada para enfrentar este cambio sería la del desapego a la exterioridad, ya que todo sucederá aunque no me lo proponga y acontecerá aun contra mi voluntad. Si queremos apegarnos a algo, la conducta que más nos beneficiará es el apego a la libertad. Es casi lo único bueno de crecer: ser libre. O intentar serlo. Tratar de despertarse y respetarse, quererse, gustarse uno mismo, gordo, flaco, arrugado o no. Hacer lo que uno quiera dentro lo posible. Es fácil decirlo, lo sé, y difícil hacerlo; pero no tengo duda de que se puede.
Vislumbro algo compensatorio, o de equidad, con el paso del tiempo o envejecimiento. Noto en lo corporal que: los lindos se ponen más feos y los feos más lindos. Es probable que, al ponerse más feos, los lindos se emparejen con quienes siempre lo fueron. ¿Lo han notado? Recién ahora me queda claro ese dicho: La suerte de la fea (a futuro) la linda la desea. Hay que tener un poco de paciencia, sólo hay que esperar unos 50 o 60 años para que la fea sea linda y la linda fea.
Además, La Pinta y la Niña no son lo de menos (ni lo de más); no son infinitas, son finitas (o gorditas, si nos ponemos literales). La Pinta y la Niña siempre cambian. Y ahí esta el quid de la cuestión.
Por ese motivo creo que los liftings son un peligro, no porque te puedas morir, sino por los peligros que conllevan. Entre ellos la negación de la realidad, del paso del tiempo. Hecho que dificulta enormemente la asunción de lo que en la vida pasa. Y lo que pasa, es que pasa. El espejo representa un llamado de atención permanente. Nuestra interioridad, la mayoría de las veces, no hace acuso de recibo de este tránsito. Se le da más prensa al tránsito lento de la panza que al de la vida, que es tan rápido. Y lo que intenta la cirugía es llevar para atrás, pero la vida va para adelante; y en esta puja de fuerzas en la que una empuja para atrás y otra para adelante aparecen, como dice el tango, “caras extrañas” de gente conocida que se vuelve desconocida para el entorno y aun para ellos mismos. ¿Qué se dirán a la mañana en el espejo, mucho gusto soy… mmm? ¿Me gusto o no me gusto? Casi como Ser o no Ser. That is the question. Y lo que me preocupa es el después, porque es probable que quedes parecida a vos misma, pero cuando empieza todo a ser nuevamente tironeado por la gravedad ¿como irás quedando? Me parece un riesgo enorme; miren si no a la Duquesa de Alba. Y no crean que cito a la Duquesa para jactarme de haber viajado mucho o de leer la revista Hola europea, sino por mi falta de valentía para poner en evidencia a nuestros propios “monstruos nacionales”. Pero que los tenemos, los tenemos.
He tenido la oportunidad de ver a muchas mujeres operadas a quienes, al tratar de sonreír, se les tensa un lugar extraño, como por ejemplo el cuello; o se les cierra más un ojo, o se les tuerce la boca. Y no sigo más por piedad.
En algún momento lúdico de mi vida intenté pensar si había alguna característica de lo corporal y de lo conductual que permaneciera para siempre idéntico a sí mismo. Creo que no, estoy casi segura de que no se tiene nada igual para siempre. No se es joven para siempre, ni flaco, ni gordo, ni alto, ni bajo, ni bueno, ni malo. Tampoco generalicemos; como siempre, hay excepciones que confirman la regla, en las que algunos quedan jóvenes para siempre. Por ejemplo, Nacha. ¿Malos para siempre? Tengo algunos ejemplos en la punta de la lengua, pero elijo ser prudente. Me dirán que las personas bajas seguirán siéndolo; eso es así, pero todo es relativo: con el paso del tiempo, así como los altos se acortan, los bajos se acortan más todavía.
Nací en 1947. En el momento de escribir esto tengo 63 años; y me encuentro con que a esta edad suceden muchos cambios que se evidencian en el cuerpo y en la mente, en nuestra psicología, en nuestras creencias. ¿Tal vez, también en el alma?
Soy madre de dos hijos ya casados, soy abuela y estoy enamorada de mis nietos, tengo un marido con el que me llevo muy bien, soy psicóloga, trabajo, hace tiempo que estoy tratando de ponerme a escribir, pero no encontraba ni el sujeto acerca del que quería escribir, ni el modo. Mi marido y mis amigas me alientan permanentemente a que lo haga, y una de ellas me señaló que era una pena que no ejercitara mi humor como lo hacía tiempo atrás.
A partir de ahí, algo pasó; y casi sin darme cuenta me reconecté con esa parte irónica y bromista que me permite hablar de lo que me preocupa (o de lo que me ocupa), y de las cosas que me pueden causar tanto risa como dolor, alternativa o simultáneamente. De lo que no hay duda es que me provoca es un enorme placer poder hacerlo.
Después de tres años de escribir en mi blog sin rutina , últimamente le dediqué mas tiempo y tuve una participación mas frecuente y activa en él. Hasta hace poco tiempo mi escritura, no tenía mas finalidad que expresarme. Sin saber las derivaciones que podía tener, en octubre de 2013 en Francia, visité a la Dra Marie Francoise Fuchs presidenta de la Organización OLD UP quien se mostró muy interesada en mi escritura, ligada a "El envejecimiento" y es así que mediante su recomendación, hoy soy miembro responsable para La Argentina, de la Organización internacional " Pass It on Network".
Esta organización está al servicio de el reposicionamiento del adulto mayor tanto en el ámbito personal, social como laboral..Cuando se ayuda a mejorar todos estos aspectos por carácter transitivo se mejora el estado de ánimo. Vislumbrar un nuevo sentido a la propia existencia tiene un impacto positivo para uno mismo y el entorno.
Recuerdo siempre una frase que he repetido incansablemente desde que me la dijo, hace años, la madre de una amiga: “No te quejes, nunca serás tan joven como hoy”. Es una verdad obvia, pero por serlo no se toma conciencia de eso. Por lo tanto gocemos de la inmejorable juventud de cada día. Que como verán, si las personas crean y tiene una actitud pro activa de conocer y contactarse, algo aparecerá en sus horizontes para aportar sentido y entusiasmo a este tramo de la vida
De Los Ojos
Los ojos pierden la nitidez y se necesita más de un par de anteojos para circular por la vida. Esto es una ventaja, ya que si vieras el proceso en toda su dimensión, la aceptación de los cambios en nuestra cara y en nuestro cuerpo sería más difícil aún.
La naturaleza se mezcla con nosotros. O nosotros nos mimetizamos con ella. A cierta edad, es frecuente el diagnóstico de cataratas ¿A quién se le puede ocurrir que podemos llevar un accidente geográfico en esa parte tan importante de la cara? Queremos verlas, no poseerlas.
Algunas personas mayores ven una especie de mosquitas (género insectos) transitando por sus ojos indisciplinadamente. No son alucinaciones, quédense tranquilos. Son producto del envejecido humor vítreo, que le trae aparejado al portador un humor de perros (reino animal). No caben dudas acerca de nuestra integración y fusión con el todo.
De la Pinta
Pienso en la Pinta y me viene a la cabeza La Niña; no por mí, sino por las carabelas. Pero además, creo que la Pinta y La Niña nos habitan. Obvio que ahora no hablo de las carabelas. Tanto una como otra deben dejar paso a otra “pinta”, y la niña debe devenir en individuo o individua (como diría nuestra presidenta), hecho que no siempre sucede.
¿Debo apegarme a mi aspecto exterior, que va a cambiar indefectiblemente? La actitud más adecuada para enfrentar este cambio sería la del desapego a la exterioridad, ya que todo sucederá aunque no me lo proponga y acontecerá aun contra mi voluntad. Si queremos apegarnos a algo, la conducta que más nos beneficiará es el apego a la libertad. Es casi lo único bueno de crecer: ser libre. O intentar serlo. Tratar de despertarse y respetarse, quererse, gustarse uno mismo, gordo, flaco, arrugado o no. Hacer lo que uno quiera dentro lo posible. Es fácil decirlo, lo sé, y difícil hacerlo; pero no tengo duda de que se puede.
Vislumbro algo compensatorio, o de equidad, con el paso del tiempo o envejecimiento. Noto en lo corporal que: los lindos se ponen más feos y los feos más lindos. Es probable que, al ponerse más feos, los lindos se emparejen con quienes siempre lo fueron. ¿Lo han notado? Recién ahora me queda claro ese dicho: La suerte de la fea (a futuro) la linda la desea. Hay que tener un poco de paciencia, sólo hay que esperar unos 50 o 60 años para que la fea sea linda y la linda fea.
Además, La Pinta y la Niña no son lo de menos (ni lo de más); no son infinitas, son finitas (o gorditas, si nos ponemos literales). La Pinta y la Niña siempre cambian. Y ahí esta el quid de la cuestión.
Por ese motivo creo que los liftings son un peligro, no porque te puedas morir, sino por los peligros que conllevan. Entre ellos la negación de la realidad, del paso del tiempo. Hecho que dificulta enormemente la asunción de lo que en la vida pasa. Y lo que pasa, es que pasa. El espejo representa un llamado de atención permanente. Nuestra interioridad, la mayoría de las veces, no hace acuso de recibo de este tránsito. Se le da más prensa al tránsito lento de la panza que al de la vida, que es tan rápido. Y lo que intenta la cirugía es llevar para atrás, pero la vida va para adelante; y en esta puja de fuerzas en la que una empuja para atrás y otra para adelante aparecen, como dice el tango, “caras extrañas” de gente conocida que se vuelve desconocida para el entorno y aun para ellos mismos. ¿Qué se dirán a la mañana en el espejo, mucho gusto soy… mmm? ¿Me gusto o no me gusto? Casi como Ser o no Ser. That is the question. Y lo que me preocupa es el después, porque es probable que quedes parecida a vos misma, pero cuando empieza todo a ser nuevamente tironeado por la gravedad ¿como irás quedando? Me parece un riesgo enorme; miren si no a la Duquesa de Alba. Y no crean que cito a la Duquesa para jactarme de haber viajado mucho o de leer la revista Hola europea, sino por mi falta de valentía para poner en evidencia a nuestros propios “monstruos nacionales”. Pero que los tenemos, los tenemos.
He tenido la oportunidad de ver a muchas mujeres operadas a quienes, al tratar de sonreír, se les tensa un lugar extraño, como por ejemplo el cuello; o se les cierra más un ojo, o se les tuerce la boca. Y no sigo más por piedad.
En algún momento lúdico de mi vida intenté pensar si había alguna característica de lo corporal y de lo conductual que permaneciera para siempre idéntico a sí mismo. Creo que no, estoy casi segura de que no se tiene nada igual para siempre. No se es joven para siempre, ni flaco, ni gordo, ni alto, ni bajo, ni bueno, ni malo. Tampoco generalicemos; como siempre, hay excepciones que confirman la regla, en las que algunos quedan jóvenes para siempre. Por ejemplo, Nacha. ¿Malos para siempre? Tengo algunos ejemplos en la punta de la lengua, pero elijo ser prudente. Me dirán que las personas bajas seguirán siéndolo; eso es así, pero todo es relativo: con el paso del tiempo, así como los altos se acortan, los bajos se acortan más todavía.
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Del oído
Por ahora, me siento afortunada, no siento ninguna diferencia en la audición. Oigo bien, pero en mi entorno empiezo a notar algunas dificultades, básicamente en los hombres. No le digan a nadie, pero digo EN LOS HOMBRES para disimular. Yo generalizo para que pase más inadvertido y no se ofenda mi marido, quien pone un poco alta la televisión, ¿por qué será? O le digo: Mi amor, está sonando insistentemente tu celular, ¿no lo notaste? Tocaron el timbre hace rato, ¿no abriste? ¿Por qué será? No digo que escuche menos. No, no.
Quiero contar lo más objetivamente posible un episodio que pasó hace poco en el cine. Fuimos con un grupo de amigos, entre los que estaba mi cuñado. Estaban sentados él y un amigo, uno al lado del otro, hablando en voz baja (eso creían ellos, siguiendo sus standards de 70 y pico de años largos). La película estaba empezando; un señor en la fila de adelante se estaba impacientando con el rumor de esa charla, y profería espaciados chistidos, Sh, Sh, hasta que finalmente se dio vuelta y en voz alta y de mala manera les dijo: ”Me hacen el favor de callarse de una vez “ A lo que mi cuñado le respondió educadamente, con una mezcla de ingenuidad e intriga (cosa que sucede cuando uno está lejos de darse cuenta de lo que está provocando): ”Perdón señor, ¿qué me está diciendo? No piensen que yo digo que él no escucha. No,No Mi cuñado no acusó recibo del enojo, porque al no escuchar lo que le decían, se concentró en la película y santo remedio.
De los Remedios
Ésta es una actividad que tiene lo suyo, requiere concentración, ser metódico y ordenado. No sé qué pasaría si dejáramos de tomar la cantidad de cosas que nos recetan para cada día, pero por si las moscas tenemos que cumplir. No son pocos los recaudos que hay que tomar para no confundirse, a saber: algunas píldoras deben ingerirse media hora antes de desayunar. Otras antes de almuerzo, algunas lejos de las comidas, otras con las comidas, otras una hora antes de dormirse. Mi consejo es plastificar las indicaciones, y a la lona. Las debemos llevar con nosotros por donde andemos, sin peligro de quedar desconcertados en el medio de ese laberinto de nombres y de horarios. El problema del plastificado es que no se puede tildar si la pastilla indicada se ha tomado o no, y si se empieza a dudar y se toma otra, por las dudas no hayas tomado la prescripta, es posible que se tenga que ir semanalmente al médico a pedir una nueva receta de los mismos remedios, con el consecuente incremento del presupuesto, amén de las intoxicaciones que podemos provocarnos. Otra vez, los laboratorios agradecidos. A ellos, que nos cuidan tanto, les devolvemos en sobredosis las atenciones recibidas.
Quiero contar lo más objetivamente posible un episodio que pasó hace poco en el cine. Fuimos con un grupo de amigos, entre los que estaba mi cuñado. Estaban sentados él y un amigo, uno al lado del otro, hablando en voz baja (eso creían ellos, siguiendo sus standards de 70 y pico de años largos). La película estaba empezando; un señor en la fila de adelante se estaba impacientando con el rumor de esa charla, y profería espaciados chistidos, Sh, Sh, hasta que finalmente se dio vuelta y en voz alta y de mala manera les dijo: ”Me hacen el favor de callarse de una vez “ A lo que mi cuñado le respondió educadamente, con una mezcla de ingenuidad e intriga (cosa que sucede cuando uno está lejos de darse cuenta de lo que está provocando): ”Perdón señor, ¿qué me está diciendo? No piensen que yo digo que él no escucha. No,No Mi cuñado no acusó recibo del enojo, porque al no escuchar lo que le decían, se concentró en la película y santo remedio.
De los Remedios
Ésta es una actividad que tiene lo suyo, requiere concentración, ser metódico y ordenado. No sé qué pasaría si dejáramos de tomar la cantidad de cosas que nos recetan para cada día, pero por si las moscas tenemos que cumplir. No son pocos los recaudos que hay que tomar para no confundirse, a saber: algunas píldoras deben ingerirse media hora antes de desayunar. Otras antes de almuerzo, algunas lejos de las comidas, otras con las comidas, otras una hora antes de dormirse. Mi consejo es plastificar las indicaciones, y a la lona. Las debemos llevar con nosotros por donde andemos, sin peligro de quedar desconcertados en el medio de ese laberinto de nombres y de horarios. El problema del plastificado es que no se puede tildar si la pastilla indicada se ha tomado o no, y si se empieza a dudar y se toma otra, por las dudas no hayas tomado la prescripta, es posible que se tenga que ir semanalmente al médico a pedir una nueva receta de los mismos remedios, con el consecuente incremento del presupuesto, amén de las intoxicaciones que podemos provocarnos. Otra vez, los laboratorios agradecidos. A ellos, que nos cuidan tanto, les devolvemos en sobredosis las atenciones recibidas.
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De las hormonas
Y ni hablar de la actuación de las hormonas que se encargan de transformar tantas pero tantas cosas, que no sé como logran cumplirlas con tanta eficiencia. Dicen que “quien mucho abarca poco aprieta”, pero en el caso de las hormonas no es así.
a) Del carácter
Lamento comunicarles que esto, sin duda, empeora. Adivinen a qué está ligado el cambio de carácter. Sí, a lo hormonal. Si la llegada del período menstrual nos alteraba, no les cuento lo que pasa con su retirada. Lo que es increíble es que eso, que acontece a lo largo de casi cuarenta años de nuestra vida, nos haya sorprendido mensualmente. Mes tras mes nos preguntábamos invariablemente: no sé que me pasa, estoy irritable y sensible, con ganas de llorar. ¿Será psicológico? ¿Estaré deprimiéndome? ¿Será por algo que pasó con él? No hay perder la oportunidad de culparlo. ¿Mis padres tal vez? A los padres tampoco. Nuestro carácter es mucho “pedor” (parafraseando a uno de mis nietos a los dos años, al que no le salía decir peor). Porque seguimos sin saber lo que nos pasa, pero ahora más rabiosas que antes; y ni siquiera está el alivio de saber que después de menstruar volveremos a la normalidad, porque ella se fue para no volver. A los hombres también les da malhumor; podría ser su andropausia, pero lo más probable es que estén hartos de tener una menopáusica irritable a su lado.
b) De la temperatura
Tenemos diversos tipos manifestaciones de esta nueva etapa a la que se denomina CLIMATERIO, palabra que proviene del griego Klimater, cuyo significado es escalón. Lo que les faltó especificar es si es ascendente o descendente (el escalón). No se pueden dejar las cosas tan abiertas a la interpretación. Hasta que averigüé que Climaterio no hacía referencia a los cambios de temperatura que sienten las mujeres, yo endiosaba al inteligente al que se le había ocurrido una denominación tan justa.
Alrededor de los cincuenta años empezamos a tener alteraciones de nuestro ciclo menstrual. Su desaparición, creo que a pocas mujeres les preocupa. No se alegren, no es tan sencillo este proceso femenino. Lo que deja de suceder por un lado, las pérdidas lógicas del período menstrual, se convierte en torrentes de sudor por otras vías: nuca empapada, piernas, espalda, lugares rarísimos. En algunos casos, la sudoración hace que amanezcas con el pelo pegoteado, parado, empapado.
Están las de otra categoría, que son las que tienen sofocones diurnos. Les sube el calor como un fuego, se ponen coloradas, y después de un rato cede hasta la próxima oleada, que acontece al rato. Ahí empuñan el abanico a la espera de que a algún iluminado se le ocurra inventar un aire acondicionado portátil, para la cartera de la dama o el saco del caballero.
La sensación de calor corporal, en general, aumenta en ese período. Razón por la que todo tu vestuario, con el que te sentías cómoda, elegante, divina, deja de ser funcional a tus necesidades. Y lo grave no es solo eso, que ya es bastante, sino que sucede algo apocalíptico para algunas mujeres: sus panzas otrora cóncavas comienzan a ser convexas. Todo por culpa de esas malditas hormonas. ¿Por qué tuvieron que incluirlas en nuestro cuerpo? Siguiendo con lo que les decía, ahora no solo no nos sirve la ropa por el calor que sentimos, sino porque al ser abdominalmente convexas, nos cambia la figura, ergo la talla, y todo lo que era metido para adentro (blusas, remeras, etc.) tiene que ir por fuera de los pantalones y polleras. Se necesita una punta de talles más. Esto ya se convierte en algo insoportable.
En un principio no sabés como vestirte, ni dónde comprar la ropa. Hasta que te vas acomodando al conjunto menopáusico que empezaste a integrar sin saberlo.
Otro de los problemas que acarrean estos cambios de temperatura son las peleas conyugales. Aquellos que nos conocieron con un termostato todo terreno se encuentran, sin aviso, con que ahora queremos abrir las ventanas o prender los equipos de aire en pleno invierno, y nuestros partenaires, que ya no son jovenzuelos tampoco, están siempre al borde de la neumonía. Y te pasás diciendo: Viejo, te traigo una tacita de té. Disculpame, no soy yo, son mis hormonas. Ellas son las que te llevaron a semejante deterioro. Les aconsejo hacerse socios de un buen servicio de salud previamente, para estar preparadas para el evento.
c) De los huesos
Otro capítulo en el que lo hormonal mete la cola son los huesos. Si llegás a tener osteoporosis, estás en el horno. Atención: peligro de quebraduras. Te convertís en una futura posible candidata a no poder valerte por vos misma. Esto daría lugar a que tus hijos impartan, a alguna persona responsable (tutor o encargado) las siguientes instrucciones: sáquenla cuando haya sol y éntrenla cuando esté lloviendo. De todos modos no lo tomen al pie de la letra porque tampoco es tan así, no es que te convertirás necesariamente en eso que describo. Soy terriblemente exagerada.
d) De los Pelos
A esta edad se notan particularmente los cambios que acontecen a nivel corporal; el pelo cambia de textura. El color deja de ser el natural, a esta altura tiende al gris y yo no tengo nada en contra de ese color, es más, siempre me pareció muy fino, pero no para portarlo en mi cabeza. Yo me digo lo que decía un amigo: “No, gracias, me repugna”. Eso sucede siempre y cuando tengas la suerte de que algunos pelos subsistan en algún lugar de tu cuerpo. Lo paradójico es que faltan donde estamos acostumbradas a lucirlos y crecen de manera anárquica y descendiente en partes extrañas, como por ejemplo en la barbilla, o en los bigotes. Por eso muchas señoras mayores pinchan. El tema de pinchar en este caso no es satisfactorio. Me parece que Freud no se dio cuenta de que, en la adultez mayor, la mujer es recompensada por su histórica envidia al pene; en su reemplazo, la naturaleza nos otorgó un elemento erecto y alargado, para alardear o tal vez para vengarse pinchando. Lo que es seguro es que no hace falta viagra alguno para su erección. Sale una y otra vez con el mismo vigor. Por fin seremos parecidas a ELLOS, los varones. Cuesta pero se llega.
e) De la tiroides
A esta altura de la vida ya no se es más oligarca o proletario. Se es Hipotiroideo o Hipertiroideo. Si pueden, sean hipertiroideos; creo que es mejor. Me parece más canchero, ya que tienen el metabolismo acelerado y así queman grasas. Mientras los hipo las juntan. Pero en fin, uno no lo elige, hay que resignarse. Los laboratorios son tan buenos y solidarios que a cada patología le están buscando un remedio; no recuerdo si era así o al revés, que a cada remedio le buscaban una patología. Da lo mismo, ¿no?
Si sigo con este tema me voy a deprimir antes de terminar el capítulo. Pero les diré que es casi interminable.
a) Del carácter
Lamento comunicarles que esto, sin duda, empeora. Adivinen a qué está ligado el cambio de carácter. Sí, a lo hormonal. Si la llegada del período menstrual nos alteraba, no les cuento lo que pasa con su retirada. Lo que es increíble es que eso, que acontece a lo largo de casi cuarenta años de nuestra vida, nos haya sorprendido mensualmente. Mes tras mes nos preguntábamos invariablemente: no sé que me pasa, estoy irritable y sensible, con ganas de llorar. ¿Será psicológico? ¿Estaré deprimiéndome? ¿Será por algo que pasó con él? No hay perder la oportunidad de culparlo. ¿Mis padres tal vez? A los padres tampoco. Nuestro carácter es mucho “pedor” (parafraseando a uno de mis nietos a los dos años, al que no le salía decir peor). Porque seguimos sin saber lo que nos pasa, pero ahora más rabiosas que antes; y ni siquiera está el alivio de saber que después de menstruar volveremos a la normalidad, porque ella se fue para no volver. A los hombres también les da malhumor; podría ser su andropausia, pero lo más probable es que estén hartos de tener una menopáusica irritable a su lado.
b) De la temperatura
Tenemos diversos tipos manifestaciones de esta nueva etapa a la que se denomina CLIMATERIO, palabra que proviene del griego Klimater, cuyo significado es escalón. Lo que les faltó especificar es si es ascendente o descendente (el escalón). No se pueden dejar las cosas tan abiertas a la interpretación. Hasta que averigüé que Climaterio no hacía referencia a los cambios de temperatura que sienten las mujeres, yo endiosaba al inteligente al que se le había ocurrido una denominación tan justa.
Alrededor de los cincuenta años empezamos a tener alteraciones de nuestro ciclo menstrual. Su desaparición, creo que a pocas mujeres les preocupa. No se alegren, no es tan sencillo este proceso femenino. Lo que deja de suceder por un lado, las pérdidas lógicas del período menstrual, se convierte en torrentes de sudor por otras vías: nuca empapada, piernas, espalda, lugares rarísimos. En algunos casos, la sudoración hace que amanezcas con el pelo pegoteado, parado, empapado.
Están las de otra categoría, que son las que tienen sofocones diurnos. Les sube el calor como un fuego, se ponen coloradas, y después de un rato cede hasta la próxima oleada, que acontece al rato. Ahí empuñan el abanico a la espera de que a algún iluminado se le ocurra inventar un aire acondicionado portátil, para la cartera de la dama o el saco del caballero.
La sensación de calor corporal, en general, aumenta en ese período. Razón por la que todo tu vestuario, con el que te sentías cómoda, elegante, divina, deja de ser funcional a tus necesidades. Y lo grave no es solo eso, que ya es bastante, sino que sucede algo apocalíptico para algunas mujeres: sus panzas otrora cóncavas comienzan a ser convexas. Todo por culpa de esas malditas hormonas. ¿Por qué tuvieron que incluirlas en nuestro cuerpo? Siguiendo con lo que les decía, ahora no solo no nos sirve la ropa por el calor que sentimos, sino porque al ser abdominalmente convexas, nos cambia la figura, ergo la talla, y todo lo que era metido para adentro (blusas, remeras, etc.) tiene que ir por fuera de los pantalones y polleras. Se necesita una punta de talles más. Esto ya se convierte en algo insoportable.
En un principio no sabés como vestirte, ni dónde comprar la ropa. Hasta que te vas acomodando al conjunto menopáusico que empezaste a integrar sin saberlo.
Otro de los problemas que acarrean estos cambios de temperatura son las peleas conyugales. Aquellos que nos conocieron con un termostato todo terreno se encuentran, sin aviso, con que ahora queremos abrir las ventanas o prender los equipos de aire en pleno invierno, y nuestros partenaires, que ya no son jovenzuelos tampoco, están siempre al borde de la neumonía. Y te pasás diciendo: Viejo, te traigo una tacita de té. Disculpame, no soy yo, son mis hormonas. Ellas son las que te llevaron a semejante deterioro. Les aconsejo hacerse socios de un buen servicio de salud previamente, para estar preparadas para el evento.
c) De los huesos
Otro capítulo en el que lo hormonal mete la cola son los huesos. Si llegás a tener osteoporosis, estás en el horno. Atención: peligro de quebraduras. Te convertís en una futura posible candidata a no poder valerte por vos misma. Esto daría lugar a que tus hijos impartan, a alguna persona responsable (tutor o encargado) las siguientes instrucciones: sáquenla cuando haya sol y éntrenla cuando esté lloviendo. De todos modos no lo tomen al pie de la letra porque tampoco es tan así, no es que te convertirás necesariamente en eso que describo. Soy terriblemente exagerada.
d) De los Pelos
A esta edad se notan particularmente los cambios que acontecen a nivel corporal; el pelo cambia de textura. El color deja de ser el natural, a esta altura tiende al gris y yo no tengo nada en contra de ese color, es más, siempre me pareció muy fino, pero no para portarlo en mi cabeza. Yo me digo lo que decía un amigo: “No, gracias, me repugna”. Eso sucede siempre y cuando tengas la suerte de que algunos pelos subsistan en algún lugar de tu cuerpo. Lo paradójico es que faltan donde estamos acostumbradas a lucirlos y crecen de manera anárquica y descendiente en partes extrañas, como por ejemplo en la barbilla, o en los bigotes. Por eso muchas señoras mayores pinchan. El tema de pinchar en este caso no es satisfactorio. Me parece que Freud no se dio cuenta de que, en la adultez mayor, la mujer es recompensada por su histórica envidia al pene; en su reemplazo, la naturaleza nos otorgó un elemento erecto y alargado, para alardear o tal vez para vengarse pinchando. Lo que es seguro es que no hace falta viagra alguno para su erección. Sale una y otra vez con el mismo vigor. Por fin seremos parecidas a ELLOS, los varones. Cuesta pero se llega.
e) De la tiroides
A esta altura de la vida ya no se es más oligarca o proletario. Se es Hipotiroideo o Hipertiroideo. Si pueden, sean hipertiroideos; creo que es mejor. Me parece más canchero, ya que tienen el metabolismo acelerado y así queman grasas. Mientras los hipo las juntan. Pero en fin, uno no lo elige, hay que resignarse. Los laboratorios son tan buenos y solidarios que a cada patología le están buscando un remedio; no recuerdo si era así o al revés, que a cada remedio le buscaban una patología. Da lo mismo, ¿no?
Si sigo con este tema me voy a deprimir antes de terminar el capítulo. Pero les diré que es casi interminable.
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De la evolución
Escuché muchas veces, a lo largo de mi crecimiento, el siguiente cliché: “… si no sos comunista a los 20 años, sos boludo a los cuarenta…” (perdonen mi francés) Mi experiencia me indica que esto es al revés: si no se es un poco boludo hasta los 20, ¿cuándo lo vas a ser?. Esa época ofrece un abanico enorme de posibilidades. Se puede ser desde muy idealista hasta un snob insoportable. Es un momento embrionario de las personas, con estímulos muy fuertes y elecciones importantes a realizar, sin tener experiencia en casi nada. En ese período es común sostener la autoestima basándose en el prejuicio y en la discriminación. Recuerdo algo que me pasó a los doce años: yo tenía esa edad pero estaba en segundo año del secundario, y varias chicas, que se las tiraban de intelectuales, se me acercaron y me preguntaron si sabía quién había escrito “La Divina Comedia”. Se me hizo la noche, me sentí morir; para mí, ese momento era “una maldita tragedia”. Seguro que yo me defendí pensando de ellas: estas grasas, mersas, etc. Ambas necesitábamos afianzarnos por las inseguridades que padecíamos: unas preguntando, yo pensando discriminatoriamente.
Depende de los estratos socio económicos que tomemos como parámetro, pero los veinteañeros de la clase media a media alta no tienen calle. ¿No es ése el MOMENTO para equivocarse? Además, afortunadamente, se cuenta con mucho tiempo para aprender y reparar. Pero si no se va elaborando una relación respetuosa con los otros camino a los cuarenta, de ahí en adelante, hay muchas chances de convertirse en un superboludo. ¿No lo creen? Las personas de los diferentes medios sociales, con su potencial, despliegan sus posibilidades; y se inauguran lazos. Se forma un nuevo conjunto en la vida, por afinidad. Es esto a lo que me refiero cuando hablo acerca de la equidad o de lo compensatorio que nos empareja con el prójimo. Sería deseable que los individuos fueran más elásticos, comprensivos, solidarios con el paso del tiempo. En general, el proceso de conocerse y saber de las limitaciones propias lleva mucho tiempo, y el batallar con ellas aún mas; pero este aprendizaje favorece para poder revisar las inconsistencias que sufrimos durante la evolución de nuestra propia vida.
Hasta aquí todo muy bonito, pero ¡surprise! Todo esto que enuncié no sucede en la mayoría de los casos en general, y en particular no se manifiesta con frecuencia, en los adultos mayores. Esto se develará en el próximo capítulo.
De las incontinencias
Si bien el adulto mayor puede haber evolucionado en el sentido expuesto anteriormente, resulta que la mayor seguridad adquirida en el transcurso de la vida, la laxitud muscular y el cansancio de los años hacen lo suyo. No hay ni tiempo, ni ganas de disimular lo que se piensa o se siente.
a) De la incontinencia verbal
Los adultos mayores se callan poco, dicen lo que quieren, se les cae de la boca lo que piensan (amén de la comida). Hace algunos años, la madre de una amiga me invitó al festejo sus 90 años. Ese día yo había trabajado desde temprano en la mañana hasta las ocho de la noche; estaba cansadísima. Era un día lluvioso, húmedo. Una tragedia para mi pelo. Llegué a casa para acicalarme un poco. Sentía que no tenía arreglo posible. Me hice una cola de caballo, me cambié y partimos para el ágape. Ilse, que así se llama la señora del cumpleaños, de origen y acento alemán, me expresó a boca de jarro: Silvia, estás ¡horible! Esa Schwantz (cola de caballo) que te hiciste, te queda ¡horible! Como yo ya no era una niña, me causó gracia lo que me decía tan livianamente; y a partir de ahí, la palabra horible remplazó a la de las dos erres entre mis allegados. La otra opción que podría explicar la incontinencia sería que, inconscientemente, aparezca esto de “Hable ahora o calle para siempre”; y como la conciencia de finitud no es sonsa, prefiere aprovechar la oportunidad y decir lo que supone debe ser dicho. No sea cuestión de arrepentirse y que luego sea tarde. Total, tenemos toda la muerte por delante
b) De las otras incontinencias
Me parece innecesario explayarme al respecto. Al que le quepa el sayo, que se lo ponga. Lo único positivo que tengo para aportarles es información. Alégrense. Si a alguna lectora le sucede que, cuando tose o estornuda, se le escapa invariablemente un poco de orina, tiene solución. Según indicación médica, pueden incorporarles una pequeña prótesis detrás de la uretra y es como si dijeran: Sin Salabín, despareció el orín (esta vez sí, gracias a la cirugía).
Depende de los estratos socio económicos que tomemos como parámetro, pero los veinteañeros de la clase media a media alta no tienen calle. ¿No es ése el MOMENTO para equivocarse? Además, afortunadamente, se cuenta con mucho tiempo para aprender y reparar. Pero si no se va elaborando una relación respetuosa con los otros camino a los cuarenta, de ahí en adelante, hay muchas chances de convertirse en un superboludo. ¿No lo creen? Las personas de los diferentes medios sociales, con su potencial, despliegan sus posibilidades; y se inauguran lazos. Se forma un nuevo conjunto en la vida, por afinidad. Es esto a lo que me refiero cuando hablo acerca de la equidad o de lo compensatorio que nos empareja con el prójimo. Sería deseable que los individuos fueran más elásticos, comprensivos, solidarios con el paso del tiempo. En general, el proceso de conocerse y saber de las limitaciones propias lleva mucho tiempo, y el batallar con ellas aún mas; pero este aprendizaje favorece para poder revisar las inconsistencias que sufrimos durante la evolución de nuestra propia vida.
Hasta aquí todo muy bonito, pero ¡surprise! Todo esto que enuncié no sucede en la mayoría de los casos en general, y en particular no se manifiesta con frecuencia, en los adultos mayores. Esto se develará en el próximo capítulo.
De las incontinencias
Si bien el adulto mayor puede haber evolucionado en el sentido expuesto anteriormente, resulta que la mayor seguridad adquirida en el transcurso de la vida, la laxitud muscular y el cansancio de los años hacen lo suyo. No hay ni tiempo, ni ganas de disimular lo que se piensa o se siente.
a) De la incontinencia verbal
Los adultos mayores se callan poco, dicen lo que quieren, se les cae de la boca lo que piensan (amén de la comida). Hace algunos años, la madre de una amiga me invitó al festejo sus 90 años. Ese día yo había trabajado desde temprano en la mañana hasta las ocho de la noche; estaba cansadísima. Era un día lluvioso, húmedo. Una tragedia para mi pelo. Llegué a casa para acicalarme un poco. Sentía que no tenía arreglo posible. Me hice una cola de caballo, me cambié y partimos para el ágape. Ilse, que así se llama la señora del cumpleaños, de origen y acento alemán, me expresó a boca de jarro: Silvia, estás ¡horible! Esa Schwantz (cola de caballo) que te hiciste, te queda ¡horible! Como yo ya no era una niña, me causó gracia lo que me decía tan livianamente; y a partir de ahí, la palabra horible remplazó a la de las dos erres entre mis allegados. La otra opción que podría explicar la incontinencia sería que, inconscientemente, aparezca esto de “Hable ahora o calle para siempre”; y como la conciencia de finitud no es sonsa, prefiere aprovechar la oportunidad y decir lo que supone debe ser dicho. No sea cuestión de arrepentirse y que luego sea tarde. Total, tenemos toda la muerte por delante
b) De las otras incontinencias
Me parece innecesario explayarme al respecto. Al que le quepa el sayo, que se lo ponga. Lo único positivo que tengo para aportarles es información. Alégrense. Si a alguna lectora le sucede que, cuando tose o estornuda, se le escapa invariablemente un poco de orina, tiene solución. Según indicación médica, pueden incorporarles una pequeña prótesis detrás de la uretra y es como si dijeran: Sin Salabín, despareció el orín (esta vez sí, gracias a la cirugía).
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De la abuelidad
Como abuela me bautizaron Shila. Soy la misma y otra a la vez. Despertaron en mí una soltura enorme para demostrarles el amor que les tengo. Y me divierto un montón con ellos.
Cuando los voy a visitar, experimento la ansiedad que sentimos frente al encuentro con alguien que nos despierta una enorme ilusión.
Ser abuelos y que se desarrolle un espacio y una modalidad dentro nuestro para desempeñar el rol, lleva su tiempo.
Los nietos nos encuentran con otra edad de la que fuimos padres y nos enfrenta a la situación novedosa de ver que hay dentro nuestro para con esas personitas.
El paso del tiempo, a veces, permite focalizar mejor nuestros vínculos. El haber transitado vivencias y haber resuelto diferentes temas, posibilita la dedicación mas tranquila a lo que uno se avoque y ahí están nuestros nietos como parte importante de nuestros intereses.
El abuelazgo despertó en mí sensaciones particulares que fueron variando según el tiempo pasa. Las primeras visitas a mi primer nieto me resultaban extrañas.
Me llevó su tiempo reconocer que cuando decían –acá llegó la abuela a visitarte- hablaban de mí. Me parecía un poco agresivo. La sensación era como si me lo dijeran a propósito. Claro, lo decían a propósito de mi visita. Que nos nombren Mama en general a todos nos cae bien. Que nos llamen abuela, no tanto. Reflexionando el porqué, me di cuenta que no es el abuelazgo lo que cuesta aceptar. El ser abuelo viene de la mano con tener la edad para serlo y envejecer puede resultar hasta casi vergonzoso. Nuestra sociedad propone como parámetros los valores de la exterioridad como belleza sublime. Y a pesar de que las mujeres fuimos ganando espacios en nuestra cultura pocas veces he visto una cosificación tal de nosotras mismas, consentida por nosotros y nuestro entorno¿ Han mirado la televisión y lo que se ve ? A la ancianos se los denomina clase pasiva pero lo que creo que es pasiva es la sociedad que conformamos en su conjunto, desde nuestra juventud, en la que no hacemos nada para abolir semejantes paradigmas que logran adormecernos hasta a hacernos creer en las cosas mas superfluas y estúpidas que lindan con la locura. Las chicas de 15 años se hacen implantes mamarios, mueren algunas por colocarse líquidos en los glúteos.¿ Que nos está pasando? No hacemos nada por pelear contra lo que nos proponen y desarrollar valores que den cuenta de lo mas constante que podemos tener los seres humanos como nuestra afectividad, necesidades de amor, de solidaridad, respeto, de buen trato, de valorización de nuestros pensamientos y creencias, envejeciendo pacíficamente, creando nuevas categorías de belleza, ya que si vivimos, todos vamos a transitar los caminos de la vejez. Lo que muchos hacen es huir para atrás con sus cirugías , como si fuera posible, en lugar de combatir la imbecilidad en la que quedamos atrapados hacia adelante. En vez de operarnos las caras, el culo, las tetas, no sería mejor que nos operemos el cerebro? No, pensándolo mejor eso sería pasivo. La imbecilidad es acordar que el adulto mayor es feo, no debe ser escuchado y encima debe esforzarse para parecer mas joven. Vieron la propaganda de Reumosan? Vieron a ese actor de 90 años corriendo con pelo largo y mostrando su vitalidad? Me quiero matar, ser mayor no es perder el sentido de la estética, no había alguien viejo elegante y atractivo? O aquellas propagandas que donde muestran que podrás sostener los dientes con felicidad gracias al pegamento?.
Si no nos ayudamos a salir de esta trampa, no solo lo pasaremos peor de lo que deberíamos sino que lo estamos permitiendo y atentamos contra nosotros mismos. Hagamos que las corporaciones se interesen en nosotros de otra forma y nos dejen de vender remedios y pegamentos para la dentadura. Que inventen algo que nos seduzca, donde está la creatividad? Saben porque les resultamos menos atractivos? Porque descubrimos que la podemos pasar mejor con menos cosas y a ellos eso no les gusta. Los ingresos de los jubilados son misérrimos en Argentina, la lógica perversa sigue prometiendo paraísos al que gasta la plata porque la tiene y se puede seguir engañándolo. A quien le va interesar cambiar algo, sino a nosotros los mayores? No se olviden jovenzuelos que vuestro futuro como el de todos, es ser mayores y en vez de convencernos de lo maravilloso que es no tener arrugas piensen en que podrían aportar y aportarse para llegar enteros internamente a la vejez
Coetáneos respetémonos y luchemos por lo que creemos. No está muerto quien pelea.
Esto me hace recordar las enseñanzas que impartían nuestros padres con respecto a la las relaciones sexuales. Cuando yo era chica para muchos círculos sociales, la virginidad era un valor a ser tenido en cuenta. No quiero detenerme en eso, sino en el hecho de que el día que te casabas después de años de represión y considerar al coito como pecado mortal, se suponía que tenías que pasarla bomba y tu relación sexual debería ser un jolgorio de un día para el otro. A quien se le ocurre esta posibilidad? Con la vejez pasa lo mismo.
Uno será de viejo lo que ha podido elaborar y atesorar en su trayecto. Si has sido capaz de asimilar experiencias y metabolizarlas posiblemente tendrás mucho para dar y transmitir.
Ahora entienden porque me provocaba sentimientos encontrados que me digan abuela? Porque la…. “lucha es cruel y es mucha pero lucha y se desangra por la fe que la empecina”( gracias Adriana Varela)
Lo expuesto podría haber sido la arenga para crear un nuevo partido político, dios me guarde. En lugar de eso cree otra cosa.
Fundé la Ungué. Su nombre provino del modo en que mi nieto D. lloraba pareciendo decir Ungué, Ungué. D. fue nombrado presidente a de esa institución sin fines de lucro (mas bien con fines de gasto) y yo quedé en la línea fundadora. Me fui de viaje y aproveché para comprarle ropa en USA y Europa para que el presidente luzca a la altura de su cargo,. El objetivo de la Ungué fue palear los sufrimientos bebísticos mediante la invención de canciones que aludían al momento que atravesaba el presidente: fuertes dolores de panza o cuando le costaba tanto sostener su cabecita erguida estando panza abajo y su cabeza bamboleante, me hacía temer un golpazo contra el piso. El ver que la adquisición de cada habilidad requería de enormes esfuerzos de su parte, me impulsaban a cantarle y darle fuerza. Mi hijo miraba azorado lo que hacía la demente de su madre que cantaba y bailaba ( parecía un ritual de los indios). Me parece que creyó que yo me tomaba en chiste lo que él tan seriamente encaraba, su paternidad. Para mí no era ningún chiste, era mi modo de buscar mi vínculo con mi nieto y me daba cuenta que tenía una soltura enorme para hacerme la payasa, cariñosamente. Nunca había tenido conciencia de esas posibilidades mías y me las permití. Ese fue “un acto de resistencia” mayúsculo. Ahí defendí mi libertad, no me dejé vencer por lo que a mi hijo le parecía ridículo y me lo hizo saber con contundencia.
La libertad adquirida y mis ganas de verles las caritas de asombro, han logrado que yo, que odio disfrazarme, ya haya sido Pablo Backyardigan, Tyron y Mickey Mouse sucesivamente a lo largo de un año.
Mi nieto mayor, hace poco, se dio cuenta de que Mickey Mouse era yo, y el muy cretino me dijo: Mickey no “esiste” y sos vos porque tenía las manos arrugaditas. ¿Tanto regalo y tanto amor para eso? Estaba tapada de cabeza a pies por el personaje de Mickey, y el no haber encontrado los mitones en el momento de disfrazarme me valió semejante comentario. ¿Les parece?
Mi hijo y mi nuera estaban comentando la muerte de Sábato, y D., que escuchaba, les preguntó por qué se había muerto; ellos le dijeron que era muy viejito. D., que vaya a saberse por qué se acordó de mí, preguntó: “¿la abuela Shila es muy viejita?” y repitió: “No quiero que se muera, no quiero que se muera”. Por fin una buena. Ni el haberme sacrificado poniéndome esas cabezotas de los disfraces en las que uno se ahoga y termina bañado en sudor me salvó de los comentarios ad hoc con respecto a la edad.
A los tres años debería tener claro a quien se le dice viejito y a mi me enseñaron que los únicos viejitos son los “Trapos”.
A medida que mis nietos crecen y formulan preguntas me doy cuenta cuan temprano comienzan sus temores a la muerte.
Por ese motivo entiendo que las abuelas quieran evitarles todo tipo de angustia innecesaria a sus nietitos haciéndose cuanta cirugía haga falta. Traten de quedar de modo que ellos las reconozcan, es solo un consejo.
Cuando los voy a visitar, experimento la ansiedad que sentimos frente al encuentro con alguien que nos despierta una enorme ilusión.
Ser abuelos y que se desarrolle un espacio y una modalidad dentro nuestro para desempeñar el rol, lleva su tiempo.
Los nietos nos encuentran con otra edad de la que fuimos padres y nos enfrenta a la situación novedosa de ver que hay dentro nuestro para con esas personitas.
El paso del tiempo, a veces, permite focalizar mejor nuestros vínculos. El haber transitado vivencias y haber resuelto diferentes temas, posibilita la dedicación mas tranquila a lo que uno se avoque y ahí están nuestros nietos como parte importante de nuestros intereses.
El abuelazgo despertó en mí sensaciones particulares que fueron variando según el tiempo pasa. Las primeras visitas a mi primer nieto me resultaban extrañas.
Me llevó su tiempo reconocer que cuando decían –acá llegó la abuela a visitarte- hablaban de mí. Me parecía un poco agresivo. La sensación era como si me lo dijeran a propósito. Claro, lo decían a propósito de mi visita. Que nos nombren Mama en general a todos nos cae bien. Que nos llamen abuela, no tanto. Reflexionando el porqué, me di cuenta que no es el abuelazgo lo que cuesta aceptar. El ser abuelo viene de la mano con tener la edad para serlo y envejecer puede resultar hasta casi vergonzoso. Nuestra sociedad propone como parámetros los valores de la exterioridad como belleza sublime. Y a pesar de que las mujeres fuimos ganando espacios en nuestra cultura pocas veces he visto una cosificación tal de nosotras mismas, consentida por nosotros y nuestro entorno¿ Han mirado la televisión y lo que se ve ? A la ancianos se los denomina clase pasiva pero lo que creo que es pasiva es la sociedad que conformamos en su conjunto, desde nuestra juventud, en la que no hacemos nada para abolir semejantes paradigmas que logran adormecernos hasta a hacernos creer en las cosas mas superfluas y estúpidas que lindan con la locura. Las chicas de 15 años se hacen implantes mamarios, mueren algunas por colocarse líquidos en los glúteos.¿ Que nos está pasando? No hacemos nada por pelear contra lo que nos proponen y desarrollar valores que den cuenta de lo mas constante que podemos tener los seres humanos como nuestra afectividad, necesidades de amor, de solidaridad, respeto, de buen trato, de valorización de nuestros pensamientos y creencias, envejeciendo pacíficamente, creando nuevas categorías de belleza, ya que si vivimos, todos vamos a transitar los caminos de la vejez. Lo que muchos hacen es huir para atrás con sus cirugías , como si fuera posible, en lugar de combatir la imbecilidad en la que quedamos atrapados hacia adelante. En vez de operarnos las caras, el culo, las tetas, no sería mejor que nos operemos el cerebro? No, pensándolo mejor eso sería pasivo. La imbecilidad es acordar que el adulto mayor es feo, no debe ser escuchado y encima debe esforzarse para parecer mas joven. Vieron la propaganda de Reumosan? Vieron a ese actor de 90 años corriendo con pelo largo y mostrando su vitalidad? Me quiero matar, ser mayor no es perder el sentido de la estética, no había alguien viejo elegante y atractivo? O aquellas propagandas que donde muestran que podrás sostener los dientes con felicidad gracias al pegamento?.
Si no nos ayudamos a salir de esta trampa, no solo lo pasaremos peor de lo que deberíamos sino que lo estamos permitiendo y atentamos contra nosotros mismos. Hagamos que las corporaciones se interesen en nosotros de otra forma y nos dejen de vender remedios y pegamentos para la dentadura. Que inventen algo que nos seduzca, donde está la creatividad? Saben porque les resultamos menos atractivos? Porque descubrimos que la podemos pasar mejor con menos cosas y a ellos eso no les gusta. Los ingresos de los jubilados son misérrimos en Argentina, la lógica perversa sigue prometiendo paraísos al que gasta la plata porque la tiene y se puede seguir engañándolo. A quien le va interesar cambiar algo, sino a nosotros los mayores? No se olviden jovenzuelos que vuestro futuro como el de todos, es ser mayores y en vez de convencernos de lo maravilloso que es no tener arrugas piensen en que podrían aportar y aportarse para llegar enteros internamente a la vejez
Coetáneos respetémonos y luchemos por lo que creemos. No está muerto quien pelea.
Esto me hace recordar las enseñanzas que impartían nuestros padres con respecto a la las relaciones sexuales. Cuando yo era chica para muchos círculos sociales, la virginidad era un valor a ser tenido en cuenta. No quiero detenerme en eso, sino en el hecho de que el día que te casabas después de años de represión y considerar al coito como pecado mortal, se suponía que tenías que pasarla bomba y tu relación sexual debería ser un jolgorio de un día para el otro. A quien se le ocurre esta posibilidad? Con la vejez pasa lo mismo.
Uno será de viejo lo que ha podido elaborar y atesorar en su trayecto. Si has sido capaz de asimilar experiencias y metabolizarlas posiblemente tendrás mucho para dar y transmitir.
Ahora entienden porque me provocaba sentimientos encontrados que me digan abuela? Porque la…. “lucha es cruel y es mucha pero lucha y se desangra por la fe que la empecina”( gracias Adriana Varela)
Lo expuesto podría haber sido la arenga para crear un nuevo partido político, dios me guarde. En lugar de eso cree otra cosa.
Fundé la Ungué. Su nombre provino del modo en que mi nieto D. lloraba pareciendo decir Ungué, Ungué. D. fue nombrado presidente a de esa institución sin fines de lucro (mas bien con fines de gasto) y yo quedé en la línea fundadora. Me fui de viaje y aproveché para comprarle ropa en USA y Europa para que el presidente luzca a la altura de su cargo,. El objetivo de la Ungué fue palear los sufrimientos bebísticos mediante la invención de canciones que aludían al momento que atravesaba el presidente: fuertes dolores de panza o cuando le costaba tanto sostener su cabecita erguida estando panza abajo y su cabeza bamboleante, me hacía temer un golpazo contra el piso. El ver que la adquisición de cada habilidad requería de enormes esfuerzos de su parte, me impulsaban a cantarle y darle fuerza. Mi hijo miraba azorado lo que hacía la demente de su madre que cantaba y bailaba ( parecía un ritual de los indios). Me parece que creyó que yo me tomaba en chiste lo que él tan seriamente encaraba, su paternidad. Para mí no era ningún chiste, era mi modo de buscar mi vínculo con mi nieto y me daba cuenta que tenía una soltura enorme para hacerme la payasa, cariñosamente. Nunca había tenido conciencia de esas posibilidades mías y me las permití. Ese fue “un acto de resistencia” mayúsculo. Ahí defendí mi libertad, no me dejé vencer por lo que a mi hijo le parecía ridículo y me lo hizo saber con contundencia.
La libertad adquirida y mis ganas de verles las caritas de asombro, han logrado que yo, que odio disfrazarme, ya haya sido Pablo Backyardigan, Tyron y Mickey Mouse sucesivamente a lo largo de un año.
Mi nieto mayor, hace poco, se dio cuenta de que Mickey Mouse era yo, y el muy cretino me dijo: Mickey no “esiste” y sos vos porque tenía las manos arrugaditas. ¿Tanto regalo y tanto amor para eso? Estaba tapada de cabeza a pies por el personaje de Mickey, y el no haber encontrado los mitones en el momento de disfrazarme me valió semejante comentario. ¿Les parece?
Mi hijo y mi nuera estaban comentando la muerte de Sábato, y D., que escuchaba, les preguntó por qué se había muerto; ellos le dijeron que era muy viejito. D., que vaya a saberse por qué se acordó de mí, preguntó: “¿la abuela Shila es muy viejita?” y repitió: “No quiero que se muera, no quiero que se muera”. Por fin una buena. Ni el haberme sacrificado poniéndome esas cabezotas de los disfraces en las que uno se ahoga y termina bañado en sudor me salvó de los comentarios ad hoc con respecto a la edad.
A los tres años debería tener claro a quien se le dice viejito y a mi me enseñaron que los únicos viejitos son los “Trapos”.
A medida que mis nietos crecen y formulan preguntas me doy cuenta cuan temprano comienzan sus temores a la muerte.
Por ese motivo entiendo que las abuelas quieran evitarles todo tipo de angustia innecesaria a sus nietitos haciéndose cuanta cirugía haga falta. Traten de quedar de modo que ellos las reconozcan, es solo un consejo.
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Silvia Crom
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Del cuerpo mayor
He tenido una idea para aquellos a los que les molesta expresar los años, y viven persecutoriamente los cambios de década: cincuenta, sesenta o setenta años. Pueden utilizar un modo chic de disfrazarlo quedándose siempre en los cuarenta años y agregándole la diferencia como los franceses. Los franceses, para expresar setenta años, dicen soixante-dix . O sea: 70 es 60 más 10. Nosotros tomaremos como referencia los cuarenta, y si queremos expresar cincuenta diremos cuarenta-diez, si queremos expresar sesenta diremos cuarenta-veinte, y así sucesivamente. Si lo usan los franceses, ¿por qué no lo vamos a usar nosotros?
Existen dos momentos especialmente difíciles en relación con el cuerpo: la adolescencia y la vejez. Los dos son procesos. El proceso de convertirse en mujer u hombre con la aparición de los signos que los caracterizan (barba en los varones, desarrollo de mamas en las mujeres y todos los caracteres secundarios de cada sexo) viene acompañado por enormes inseguridades . Del mismo modo en la vejez, cuando van desapareciendo funciones y atributos que se incorporaron en la juventud. Esto genera una enorme confusión con respecto a cómo es uno con el nuevo esquema corporal.
Todos sabemos que la llegada de las estaciones no se produce de manera abrupta en la fecha que indica el calendario, sino que los cambios se van gestando de a poco; y es probable que nos demos cuenta de que la estación se instaló cuando vemos los signos de su presencia: hojas caídas en otoño, árboles desnudos en invierno, florecimientos en primavera, una explosión de verdor en verano.
Con la vida humana es igual. Nos damos cuenta de la adolescencia o la vejez cuando los cambios en su conjunto son evidentes. Acostumbrarse a eso es muy difícil. Hay una necesidad de aceptación por parte del otro, queremos asegurarnos de que hemos devenido en personas aceptables en los dos extremos de la vida. A diferencia de los viejos, en ese proceso los jóvenes tampoco sienten seguridad interior; ni lo exterior ni lo de adentro parecen estar afianzados. En los mayores, el sufrimiento es sólo por una parte: el cuerpo. No por el todo. Uno sería el duelo por la niñez perdida; el otro, el duelo por la juventud.
¿No les ha sucedido de encontrarse con algún conocido del colegio y no tener ni idea de quién era hasta que les dijo su nombre? Por lo tanto, esto de ser uno mismo no se lo crean. Creo que la naturaleza nos va poniendo la cara y el cuerpo de toda la familia. Esto, para que no haya celos ni apropiaciones. Nacemos pareciéndonos a nuestra madre y terminamos pareciéndonos al tío de nuestra abuela. Si se sienten mal con la apariencia de ahora, no se preocupen; piensen si hay alguien lindo en la familia extendida y después de ciertos calvarios (por ejemplo, parecerme a algún tío “horible” transitoriamente), tendré la cara y/o el cuerpo de ésa que me gusta. Sólo hay que tener PACIENCIA.
Tanto mujeres como hombres, ante una relación nueva, pueden sentir vergüenza y miedo a la desnudez y a la exposición del cuerpo. Se pone en juego el hecho de gustarle al otro. No olviden que el cuerpo es el que cubre al alma y están íntimamente conectados.
Las mujeres tienen más pudor y además son exigentes con ellas mismas en relación con su apariencia, y de acuerdo a sus propios criterios se censuran aunque sus compañeros las halaguen. Pueden decirse al pasar, como si no tuviera importancia “Mirá mis piernas, estoy hecha percha”. En el momento de mostrarse desnudas ante su pareja aparecen temores: mi panza es un flan, ni pienso ponerme acostada de costado, se va a expandir mi vientre por la cama Ni qué hablar si su pareja es nueva; esto para las mujeres grandes es un tema muy espinoso, pueden querer tener relaciones con un tapadito encima que le cubra esos brazos que se empecinan en flamear y de paso les tape la pancita, y si es posible que también le oculte los muslitos.
Probablemente la mujer argentina sea más reprimida que otras, y cautelosa en ese aspecto. Algunas son capaces de morirse de calor y resistirse a darse un baño en el mar, si piensan que el pelo les puede quedar mal. Aún habiendo ido a una playa de ensueño a la que fueron expresamente. Si se sienten gordas o fláccidas o con várices, no quieren ponerse un traje de baño ni que las maten. Ni qué hablar de caminar unos pasos con ese atuendo. A pesar de los cambios que vengo enunciando que se producen en el interior, que hacen que las personas nos aceptemos más, que respetemos nuestros cambios, gustos, criterios, lo del cuerpo es diferente. Y miren que lo hemos trabajado con nuestros psicoanalistas, hora tras hora, año tras año. Después de haber intercambiado largamente con mis colegas acerca de las bondades de los tratamientos para estos casos, y de haber visto tantos fracasos con respecto a este tema, llegué a la conclusión de que el psicoanálisis sirve; lo que no sirve es el cuerpo. A quién se le ocurre dotarnos de algo interno cuyo crecimiento, evolución, aceptación y aprendizaje lleva mucho tiempo de elaboracióm y cuando estamos sabiendo mejor cómo llevarlo se nos pudre por afuera. Es muy fuerte.
Lo importante es la belleza, aunque nos derritamos o nos rajemos en su preservación. Somos tan obstinadas que estiraremos nuestro cuerpo todo lo que podamos. ¿O acaso no lo dijo ya la Tortuga Manuelita, que se fue a París, porque acá todavía no se había desarrollado en plenitud la cirugía plástica? La estiraron del derecho y la estiraron del revés, y la culpa la tuvo el tortugo del que se enamoró. Ella lo dice: Vieja no me va a querer (ya les dije, ellos siempre tienen la culpa) y era cierto que en esa época el tortugo estaba saliendo con una tortuga de tres años. Creo que la escuela de cirugía plástica debería darle una mención a la tortuga precursora de los estiramientos y llamar a una de sus aulas “MANUELITA”.
Cuando tenía cuarenta años vivía en un edificio muy elegante, en un barrio ad hoc. Salí de casa vistiendo una falda de lana que era larga hasta casi los tobillos y cuya cintura tenía elástico, un sweater corto arriba, una bufanda, botitas con medias enrolladas de lana sobre unos collants negros. Al volver, dejé el auto en el garage para que el garagista lo estacionara. Me dirigí por un pasillo camino al ascensor principal. En ese pasillo había un operario puliendo los pisos e impedía el paso. Amablemente le pregunté si podía dejarme pasar, a lo que el señor, muy atento, me dijo que sí y se apartó. En ese momento la máquina pulidora enganchó la punta de mi falda y se la fue fagocitando, mientras yo veía azorada cómo se deslizaba desde mi cintura a mis caderas y de ahí para abajo sin parar hasta mis tobillos, internándose en las profundidades de la máquina pulidora de pisos. En ese momento, como si fuera lo más natural, di un salto y me desprendí de la pollera para que la máquina no terminara conmigo en el suelo. Mi falda, al fin libre de mí, quedó enrollada en el vientre de la máquina. El operario tironeaba de la falda; nunca me miró, ni yo a él. Estábamos los dos consternados con el desarrollo de los acontecimientos. No se nos ocurrió desenchufarla. En medio de ese panorama apareció el portero que vio a la señora del segundo piso, o sea yo, en pantys apoyada contra una pared. Con cara de sorprendido, me invitó a subir a mi departamento de la siguiente manera: “Señora, ¿quiere ir por el ascensor principal?” Pensé “qué me habrá querido decir”, y le respondí: “¿A usted le parece que estoy en condiciones?” Me di vuelta y, como quien no quiere la cosa, me trepé al ascensor de servicio, que estaba a un paso. No había llevado las llaves de casa; tuve que tocar el timbre. Lorenza, una querida persona que trabajaba con nosotros, me abrió. Al ver la expresión de su cara le dije rápidamente: “Acabo de perder la falda abajo”. “Noooooooooo” me respondió. Con lo que me quedaba de dignidad, le dije: “Lore, usted me vio salir. ¿Cómo piensa que pude salir así?” Ella se tiró al piso muerta de risa y yo fui a mi cuarto a mirame en el espejo. Ahí entendí porque Lore lloraba de risa.
Si esto me hubiera pasado a los 15 años creo que me habría costado meses salir a la calle nuevamente y enfrentarme con los que me vieron. Por suerte, si bien no todo pudor se pierde con la edad, alguno innecesario se deja en el camino, como la falda, y otros los seguimos portando aunque nos hagan mal, como los que se nos pueden despertar ante nuestras desnudeces compartidas. Pude superar el bochorno porque este episodio me sucedió teniendo la seguridad física y emocional de los cuarenta años y no la inseguridad de una adolescente ni la consciencia del cuerpo envejecido, que averguenza menos pero molesta más.
Existen dos momentos especialmente difíciles en relación con el cuerpo: la adolescencia y la vejez. Los dos son procesos. El proceso de convertirse en mujer u hombre con la aparición de los signos que los caracterizan (barba en los varones, desarrollo de mamas en las mujeres y todos los caracteres secundarios de cada sexo) viene acompañado por enormes inseguridades . Del mismo modo en la vejez, cuando van desapareciendo funciones y atributos que se incorporaron en la juventud. Esto genera una enorme confusión con respecto a cómo es uno con el nuevo esquema corporal.
Todos sabemos que la llegada de las estaciones no se produce de manera abrupta en la fecha que indica el calendario, sino que los cambios se van gestando de a poco; y es probable que nos demos cuenta de que la estación se instaló cuando vemos los signos de su presencia: hojas caídas en otoño, árboles desnudos en invierno, florecimientos en primavera, una explosión de verdor en verano.
Con la vida humana es igual. Nos damos cuenta de la adolescencia o la vejez cuando los cambios en su conjunto son evidentes. Acostumbrarse a eso es muy difícil. Hay una necesidad de aceptación por parte del otro, queremos asegurarnos de que hemos devenido en personas aceptables en los dos extremos de la vida. A diferencia de los viejos, en ese proceso los jóvenes tampoco sienten seguridad interior; ni lo exterior ni lo de adentro parecen estar afianzados. En los mayores, el sufrimiento es sólo por una parte: el cuerpo. No por el todo. Uno sería el duelo por la niñez perdida; el otro, el duelo por la juventud.
¿No les ha sucedido de encontrarse con algún conocido del colegio y no tener ni idea de quién era hasta que les dijo su nombre? Por lo tanto, esto de ser uno mismo no se lo crean. Creo que la naturaleza nos va poniendo la cara y el cuerpo de toda la familia. Esto, para que no haya celos ni apropiaciones. Nacemos pareciéndonos a nuestra madre y terminamos pareciéndonos al tío de nuestra abuela. Si se sienten mal con la apariencia de ahora, no se preocupen; piensen si hay alguien lindo en la familia extendida y después de ciertos calvarios (por ejemplo, parecerme a algún tío “horible” transitoriamente), tendré la cara y/o el cuerpo de ésa que me gusta. Sólo hay que tener PACIENCIA.
Tanto mujeres como hombres, ante una relación nueva, pueden sentir vergüenza y miedo a la desnudez y a la exposición del cuerpo. Se pone en juego el hecho de gustarle al otro. No olviden que el cuerpo es el que cubre al alma y están íntimamente conectados.
Las mujeres tienen más pudor y además son exigentes con ellas mismas en relación con su apariencia, y de acuerdo a sus propios criterios se censuran aunque sus compañeros las halaguen. Pueden decirse al pasar, como si no tuviera importancia “Mirá mis piernas, estoy hecha percha”. En el momento de mostrarse desnudas ante su pareja aparecen temores: mi panza es un flan, ni pienso ponerme acostada de costado, se va a expandir mi vientre por la cama Ni qué hablar si su pareja es nueva; esto para las mujeres grandes es un tema muy espinoso, pueden querer tener relaciones con un tapadito encima que le cubra esos brazos que se empecinan en flamear y de paso les tape la pancita, y si es posible que también le oculte los muslitos.
Probablemente la mujer argentina sea más reprimida que otras, y cautelosa en ese aspecto. Algunas son capaces de morirse de calor y resistirse a darse un baño en el mar, si piensan que el pelo les puede quedar mal. Aún habiendo ido a una playa de ensueño a la que fueron expresamente. Si se sienten gordas o fláccidas o con várices, no quieren ponerse un traje de baño ni que las maten. Ni qué hablar de caminar unos pasos con ese atuendo. A pesar de los cambios que vengo enunciando que se producen en el interior, que hacen que las personas nos aceptemos más, que respetemos nuestros cambios, gustos, criterios, lo del cuerpo es diferente. Y miren que lo hemos trabajado con nuestros psicoanalistas, hora tras hora, año tras año. Después de haber intercambiado largamente con mis colegas acerca de las bondades de los tratamientos para estos casos, y de haber visto tantos fracasos con respecto a este tema, llegué a la conclusión de que el psicoanálisis sirve; lo que no sirve es el cuerpo. A quién se le ocurre dotarnos de algo interno cuyo crecimiento, evolución, aceptación y aprendizaje lleva mucho tiempo de elaboracióm y cuando estamos sabiendo mejor cómo llevarlo se nos pudre por afuera. Es muy fuerte.
Lo importante es la belleza, aunque nos derritamos o nos rajemos en su preservación. Somos tan obstinadas que estiraremos nuestro cuerpo todo lo que podamos. ¿O acaso no lo dijo ya la Tortuga Manuelita, que se fue a París, porque acá todavía no se había desarrollado en plenitud la cirugía plástica? La estiraron del derecho y la estiraron del revés, y la culpa la tuvo el tortugo del que se enamoró. Ella lo dice: Vieja no me va a querer (ya les dije, ellos siempre tienen la culpa) y era cierto que en esa época el tortugo estaba saliendo con una tortuga de tres años. Creo que la escuela de cirugía plástica debería darle una mención a la tortuga precursora de los estiramientos y llamar a una de sus aulas “MANUELITA”.
Cuando tenía cuarenta años vivía en un edificio muy elegante, en un barrio ad hoc. Salí de casa vistiendo una falda de lana que era larga hasta casi los tobillos y cuya cintura tenía elástico, un sweater corto arriba, una bufanda, botitas con medias enrolladas de lana sobre unos collants negros. Al volver, dejé el auto en el garage para que el garagista lo estacionara. Me dirigí por un pasillo camino al ascensor principal. En ese pasillo había un operario puliendo los pisos e impedía el paso. Amablemente le pregunté si podía dejarme pasar, a lo que el señor, muy atento, me dijo que sí y se apartó. En ese momento la máquina pulidora enganchó la punta de mi falda y se la fue fagocitando, mientras yo veía azorada cómo se deslizaba desde mi cintura a mis caderas y de ahí para abajo sin parar hasta mis tobillos, internándose en las profundidades de la máquina pulidora de pisos. En ese momento, como si fuera lo más natural, di un salto y me desprendí de la pollera para que la máquina no terminara conmigo en el suelo. Mi falda, al fin libre de mí, quedó enrollada en el vientre de la máquina. El operario tironeaba de la falda; nunca me miró, ni yo a él. Estábamos los dos consternados con el desarrollo de los acontecimientos. No se nos ocurrió desenchufarla. En medio de ese panorama apareció el portero que vio a la señora del segundo piso, o sea yo, en pantys apoyada contra una pared. Con cara de sorprendido, me invitó a subir a mi departamento de la siguiente manera: “Señora, ¿quiere ir por el ascensor principal?” Pensé “qué me habrá querido decir”, y le respondí: “¿A usted le parece que estoy en condiciones?” Me di vuelta y, como quien no quiere la cosa, me trepé al ascensor de servicio, que estaba a un paso. No había llevado las llaves de casa; tuve que tocar el timbre. Lorenza, una querida persona que trabajaba con nosotros, me abrió. Al ver la expresión de su cara le dije rápidamente: “Acabo de perder la falda abajo”. “Noooooooooo” me respondió. Con lo que me quedaba de dignidad, le dije: “Lore, usted me vio salir. ¿Cómo piensa que pude salir así?” Ella se tiró al piso muerta de risa y yo fui a mi cuarto a mirame en el espejo. Ahí entendí porque Lore lloraba de risa.
Si esto me hubiera pasado a los 15 años creo que me habría costado meses salir a la calle nuevamente y enfrentarme con los que me vieron. Por suerte, si bien no todo pudor se pierde con la edad, alguno innecesario se deja en el camino, como la falda, y otros los seguimos portando aunque nos hagan mal, como los que se nos pueden despertar ante nuestras desnudeces compartidas. Pude superar el bochorno porque este episodio me sucedió teniendo la seguridad física y emocional de los cuarenta años y no la inseguridad de una adolescente ni la consciencia del cuerpo envejecido, que averguenza menos pero molesta más.
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