domingo, 1 de junio de 2014

En qué creer? ¿“Cuanto más cambia todo, más sigue todo igual” o “Cambia, todo cambia”?

Al plantearme estos dos conceptos veo en un problema a desentrañar, ya que son opuestos y si afirmo uno supuestamente excluyo el otro.

Probablemente podría seguir afirmando los dos pero en dominios diferentes.

Voy a intentar analizar cuáles de los aspectos de la vida y de los humanos quedan inalterables. Si fuera que así sucede.

Iremos evaluando de afuera para adentro. En lo concerniente al ser humano en su packaging, sin lugar a dudas cambia. Nadie queda idéntico a sí mismo y los procesos del paso del tiempo se evidencian en nuestros cuerpos.

El contenido de los seres humanos, pensamientos, modos de concebir la realidad, expectativas, usos y costumbres está sujeto a la mayor variedad de posibilidades, ya que puede cambiar mucho, poco o casi nada.

Depende de la ductilidad de cada uno dada por la conjunción de factores genéticos y de aprendizajes familiares y socioeconómico-culturales que se entrelazan de infinitas maneras.

Lo que vemos en el contexto “mundo”, no hay dudas de que cambia. Por acción u omisión logramos transformar la naturaleza a favor y en contra nuestra. ¡Como siempre, los pares opuestos!

Lo que creo que no cambia es la idiosincrasia de lo humano. Estaban haciéndome unos test con luces en los que debía seguir una serie de estimulaciones lumínicas y pensé: esto lo pergeñó otro ser humano como yo y lo hizo para ayudar a sus congéneres. ¡¡Qué bueno! ¡¡Qué acto generoso! Hay millones de ellos, pensando en mejorar y ayudar a los otros.

También hay millones de los otros, de los negativos que tienen que ver con las miserias humanas. Por ese motivo creo que lo que no cambia y bajo diferentes formas se expresa es esta dicotomía de lo humano: lo bueno y lo malo. Lo bueno es todo lo que aporte tranquilidad, amor, paz, proyecto a los individuos. Lo malo, todo lo que provoque rivalidad, competencia, destrucción, envidia, celos, mezquindad, acaparación. Estos sentimientos forman parte de nuestro ser y, gracias a los aportes de la psicología, hoy podemos reconocerlos como constitutivos del ser humano. El conocimiento de su existencia permite la puesta en marcha de lo más patognomónico de lo humano que es representar en su pensamiento las consecuencias de sus conductas y poder lidiar con estos aspectos negativos  e instrumentarlos de una manera constructiva. El sentir rivalidad y saberlo es una cosa diferente al hecho de actuarla.

Hay una creencia difundida en la que se piensa que la naturaleza es sabia. Personalmente lo pongo en duda. El hombre forma parte de la naturaleza y sus aspectos negativos compiten codo a codo con los positivos. No me animaría a señalar cuáles son las manifestaciones más resaltables de esta humanidad si quisiéramos  evaluar y cuantificar la calidad de las acciones.


¿De dónde sacamos que lo natural es bueno o sabio?. Los tsunamis son naturales y nos desvastan . El cáncer, lo mismo. Nosotros, los seres pensantes, participamos de lo natural; de eso no nos cabe ninguna duda, pero de ahí a que se evidencie nuestra sabiduría hay una distancia

. Podríamos decir que: Cuanto más cambia todo, más sigue todo igual, pero solo en ese aspecto, en la presencia de ambas fuerzas: la de lo constructivo y lo destructivo, lo deseable y lo indeseable que son de una misma intensidad pero de signos opuestos. Los franceses dicen : Plus ça change plus c' est la même chose.

2 comentarios:

  1. Hola Silvia. Interesante tu planteo, que es el de todos para los que los cambios no eran tan naturales, puesto que durante la mitad de nuestra vida la cosa fue bastante "estable" y no había tanto análisis, las cosas estaban "bien o mal" según lo decía, Dios?, y sus discípulos más cumplidores, o sea, nuestros padres. Los nuevos jóvenes, nacieron acostumbrados al cambio permanente, y no tuvieron tiempo de aprender normas, porque el cambio no permitía crearlas. Es así que la definición del bien y del mal, proviene un poco de acá y otro poco de allá, y todo se renueva y es relativo, las fuentes de las definiciones, los medios, los gobiernos, la globalización, el nacionalismo, y hasta los mismos padres; cambian, se entrecruzan, negocian, se multiplican, y ni siquiera ellos mismos pueden definir cual es la "ley natural de las cosas". Las cosas cambian, los cuerpos cambian, las ideas cambian, y la vida misma cambia. No cambia que cuando nos ponemos menos jóvenes, no queremos dejar esta tierra sin haber descubierto la verdad. Te mando un beso y disfruto mucho de tus artículos.

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    1. Hola Sandra: Gracias por tu comentario. Me parece interesante lo que planteas. Lo voy a pensar ya que no lo pensé nunca como vos lo expones.

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