domingo, 22 de junio de 2014

De La Maternidad



Muchas veces repetimos clichés que tienen que ver solo parcialmente con la realidad de los sentimientos y de los pensamientos de la gente.

La maternidad es un hecho connotado siempre positivamente y creo que amerita ser tratado con objetividad, viendo sus aspectos positivos y negativos. Me encuentro en el consultorio con pacientes que vienen de ser madres, y si bien todas están contentas con sus hijos, relatan no haberse imaginado semejante cambio en sus vidas y las implicancias en todos los órdenes de su existencia.
La maternidad, a mi modo de ver, es “EL HECHO” por excelencia que marcará un hito entre el antes y el después en nuestro ciclo vital. Es lo BUENO que sucede en una vida y también LO MALO. Como siempre, los pares opuestos.
Para afirmar esto me baso en mi experiencia y en la de las mujeres con las que tuve y tengo oportunidad de conversar por mi profesión o por charlas informales que tuve y tengo con otras mujeres. A partir de la inclusión de un hijo en nuestra vida, todo cambia. Todo cambia siempre, pero esto transforma nuestra vida mucho más profundamente.
Personalmente no concibo la vida sin hijos. No la concibo porque a  los 18 años me casé, me embaracé y tuve mi primer hijo a los 19 años y la segunda a los 20 años; por lo tanto, he crecido junto a ellos. No tengo la experiencia de una vida adulta de otro modo que compartida con mis hijos.
Recién he vivido sola cuando mi hija menor se independizó, hace 16 años. Vivir sola o no es un detalle (que no es menor), pero lo que cambia para siempre a partir de LA MATERNIDAD es la convivencia interna y perpetua con nuestros hijos.
En la mayoría de las madres se genera un sentimiento de una profundidad, intensidad e incondicionalidad únicas. Cuando cumplí 46 años hice una reunión en casa y les escribí algo a cada uno de los que invité, entre los que se encontraban ellos, y recuerdo que les escribí jocosamente, lo que me pasaba a mí en el vínculo materno filial. Les decía que había aprendido muchísimo a su lado y que los llevaba conmigo siempre repercutiendo en distintas partes de mi ser según los avatares de cada día. Les decía que en mi cabeza los tenía presentes cotidianamente y con más énfasis si los veía tristes, o algo les costaba o no les iba bien. En mi panza, cuando tenían que atravesar una prueba o algo que sabía que era importante para ellos y los angustiaba. En mi corazón de forma indeleble, henchida de orgullo con sus éxitos y plena de alegría cuando estaban contentos. Me reía comunicándoles que no les iba decir en publico, en pleno cumpleaños, que otras partes de mi ser se veían afectadas cuando se ponían pesados o peleadores entre ellos o conmigo. Han pasado 20 años desde ese cumpleaños y les confieso que sigo sintiendo igual.
Pero también existe en este vínculo el sufrimiento, por razones idénticas a las expuestas.
¿Quién sabe que va a portar de por vida semejante amor? Un amor que te ocupa, te preocupa, te alegra, te entristece, te hace conocer el cielo y el infierno a perpetuidad.
Es como el título de la película “Atrapados sin salida”. Probablemente no sea así para todas las madres, pero en su gran mayoría, sé que a las mujeres les pasa esto.
El hecho de cosentir es agotador. Sentir con el otro es muy frecuente con los hijos y también nos lleva a equivocarnos en nuestras apreciaciones. Ya que nosotros imaginamos cómo ellos pueden sentir pero no podemos saber si es realmente su sentimiento o el nuestro puesto en ellos.
Por otra parte es harto frecuente que nos hagamos una terrible mala sangre por un acontecimiento que nos relataron. Nosotras nos quedamos rumiando su pena y no nos enteramos sino después, que a los tres minutos de haberlo compartido, les sucedió algo que los alegró y se olvidaron de su pena y de transmitirnos ese cambio de estado de ánimo.
También está sentido de una manera muy culposa para las mujeres plantear sus pesadumbres en relación con la maternidad. Se lo vive como una traicíón a la especie.
De las mujeres se espera que seamos “Puro Amor”, paciencia, comprensión, aceptación; y nos vedamos nosotras mismas, por mandatos ancestrales, los cuestionamientos que podríamos hacer.
A partir del nacimiento de un hijo, las necesidades de él pasan a un lugar prioritario, el que le otorgamos nosotros porque queremos brindarle lo mejor desde nuestra perspectiva.
Este trabajo de aprendizaje maternal se centra en la lectura de las necesidades de otro ser –que sale de uno, mamá, pero viene de dos, mamá y papá, que a su vez vienen de cuatro, los abuelos, que a su vez vienen de ocho bisabuelos, y así sucesivamente– que es un cóctel genético; y nosotros, ingenuos, creemos que ese bebé que está en nuestros brazos “nos pertenece” y será fácil comprenderlo. Figúrense, a modo de ejemplo, que existe la  posibilidad de que ese  bebe se asemeje.a  algún familiar propio o político que les haya parecido un marciano inentendible, Nos será fácil su comprensión?
Con esta persona en ciernes, incertidumbre pura para sí misma y para nosotros, nos vamos relacionando y conociendo. Lo cuidamos y buscamos el mejor modo de transmitirle todo lo que sabemos para que pueda desenvolverse en este mundo.
Este trabajo es de tiempo completo y con altas cuotas de desconcierto ya que “ nuestro hijo” es otro, otro diferente a uno y cuyas características iremos descubriendo de a poco, paso a paso.
Nos necesitan para aprender, para valerse por sí mismos y luego, lo hayan incorporado o no, tienen que ejercitarlo en autonomía.. Hecho que a veces nos asusta y nos alegra.
Es en el interjuego de  mucho apego y luego forzoso y necesario desapego que  va transcurriendo nuestra maternidad a lo largo de la vida
 El proceso  habitual de todo ser humano que logra independizarse de sus progenitores  se resumiría en la frase: te necesito para ser pero para ser te tengo que dejar
Como ley de la vida sabemos que los hijos vienen de nosotros pero no son nuestros.
Es por lo expuesto que digo que  la maternidad es lo mejor y lo peor.





viernes, 13 de junio de 2014

De los Manipuladores



¿Han conocido  y vivido de cerca a un manipulador? Yo sí.

Es una experiencia muy difícil de transitar, ya que si es un personaje cercano y querido no se tiene la mas mínima sospecha de que esa persona puede llegar a hacer cosas que nos dañen. No se duda de sus intenciones para con uno y se cree erróneamente que el afecto es y será correspondido. Digo erróneamente porque la forma de querer del manipulador está relacionada con el amor a sí mismo. Si te avenís a sus necesidades y prioridades no tendrás problema. Surgirá el conflicto cuando no acuerdes con su manera de operar sobre algo que te concierne y que él tenga la posibilidad de manejar. En ese caso lo manejará a su manera, aquella en la que él se beneficie. Tu desacuerdo no será escuchado ni tenido en cuenta. Lo que recibirás, además, es una descalificación contundente de tu persona, reiterada en la medida que insistas con tener tu opinión e intentes que sea tenida en cuenta.

Hombres y mujeres estamos expuestos a este tipo de personas. Cuanto más inseguros seamos, mayor exposición tendremos a caer en este tipo de vínculo.

He visto muchos casos de este tipo y es muy dificultoso poder mostrarle a la víctima del manipulador cómo contribuye para ser manipulada.

Esa contribución consiste en no poder ver al sujeto como el sujeto que es, sino con la creencia que uno se ha formado a lo largo del tiempo sobre él, dada por el entorno y aceptada también por uno mismo.

Estos sujetos han sido ponderados en su niñez, cuando se les otorgaba un lugar muy especial. Lugar al que no renuncian.. Puede ser por su belleza, por su inteligencia o precocidad, por su simpatía, convocatoria, seducción o varias de estas características combinadas. Primer hijo/hija de una familia, primer nieto/nieta. Este atributo no es desmentido nunca. El Manipulador se lo apropia de por vida y en el caso de que alguien lo intente cuestionar, su ofensa y falta de aceptación es total.

En general, los personajes que ejercen la manipulación son atractivos e invitan por sus atributos a ligarse a ellos. Sus aspectos glamorosos dificultan la visión de su parte oscura. No son conscientes de sus propias características abusivas del otro. No lo son porque al sentirse el ombligo del mundo creen merecer privilegios. Esto determina que en su universo no exista prácticamente la palabra perdón y la toma de consciencia de sus equivocaciones. La culpa no es lo que los caracteriza y la consciencia moral es tan laxa que los cambios de pareceres en perjuicio del otro, la falta de compromisos con lo justo y equitativo están fuera de sus preocupaciones y de su alcance.

No se puede discutir con ellos porque no respetan la lógica de una conversación y dan vuelta los argumentos, con un desenfado tal, que en realidad se pone en evidencia que su estructura de pensamiento es diferente. Hecho que hace que puedan mentir sin mosquearse. No reparan en el punto de vista del otro.

Los sucesos desagradables que se han tenido con él pueden ser olvidados de su parte siempre y si se le pide al manipulador un reconocimiento de sus errores, es el momento en el que vuelve a utilizar su artillería pesada plagada de mentiras, falacias y agresiones.

Consejos para quien tenga un manipulador cerca:
1.      Distancia
2.      No discutir con ellos. Nunca reconocerán nada.
3.      Utilizar la ley como intermediaria.
4.      Elaborar el duelo por tener o haber tenido una persona tan nociva y destructora cerca que contamina el entorno en común, en caso de poseerlo.
5.     Si se han sentido tentados de escribirle algo que distienda, manifestándole su afecto y esperando una respuesta  para lograr una  cercanía y conversar, olvídenlo, no responderán.


Hace poco reflexionaba acerca del hecho de perdonar a estos sujetos y es un tema espinoso. Llegada la segunda vida y revisando los vínculos creo que el perdón debería llegar siempre que la persona, “El Manipulador”, quiera reparar un daño, o sea “desee ser perdonada”. Esta afirmación en realidad es una falacia ya que si el el Manipulador no es consciente del daño que infringe, ¿de qué va a querer ser perdonado?

Pero aún así, es tan fuerte el valor de la familia para algunos individuos, que aunque NO hayan tenido la suerte de que esos lazos sean positivos y enriquecedores, vale la pena hacerse la pregunta acerca del perdón. Me parece bueno ese cuestionamiento, permite reevaluar las decisiones tomadas con respecto a sostener la distancia, si es que nada ha cambiado en el entorno, que atenúe el daño que puede causar

Es una verdadera gran pena para el que  haya tenido que atravesar esta experiencia con el concomitante deterioro emocional sembrado en el seno familiar.




domingo, 8 de junio de 2014

De ser mujer


Confieso que estoy contenta de ser mujer.

Me resultó difícil descubrirlo pero por suerte ya hace muchos años que me di cuenta de la riqueza de nuestro género.

Nací en una familia, como la de muchos, en la que el lugar de la centralidad del hombre era incuestionable.

La mayor parte de las/los  pacientes que veo provienen de una estructura semejante. Una de ellas me hizo, hace años, el siguiente relato: ..."Mi madre era una mujer de una apariencia preciosa, era muy linda y con atributos interesantes a desarrollar pero de una inseguridad fatal y con poca capacidad para inspeccionar sus debilidades. Un señalamiento de alguna falencia le desencadenaba un enorme malestar aunque fuera dicha como una contribución para mejorar su propio posicionamiento hacia ella misma, su entorno y su vínculo conmigo. Pero no pudo.

Continúa: Siempre supo que tenía una aliada en mí. Mal o bien, estuve a su lado. De chica, defendiéndola a ultranza de las descalificaciones de mi padre; de grande, de las de mi hermano".

Escuché este relato, que guardaba relación con un trabajo central en mí misma. El trabajo al que me refiero fue el de revisar mi propio machismo absorbido a través de las vivencias familiares, en detrimento mío y de lo femenino en general. Me tocaba ayudarla, a mí que ya había transitado por la corriente clasista y combativa (de género) que me permitió tener una visión distinta de los roles femeninos y masculinos, y aprendí a tener mis propios criterios al respecto. También a respetar las diferencias entre ambos sexos. Es difícil desarraigar creencias, pero se puede.

Me pareció muy sanador el resultado al que mi paciente llegó después de trabajar a fondo esta temática, y lo transcribo: ... "Estoy más que segura de que mamá me quería y yo también a ella, pero no podía con su propia creencia incrustada en su cabeza, la de que “Los Hombres” eran esos seres valiosos que saben mucho más de todo y que nos salvarán.....". Mi paciente ya hizo las paces con su madre y la perdonó, dándose cuenta de que la época que le tocó vivir a su madre no era la misma en la que ella se estaba desarrollando.

¿De qué deberían salvarnos los hombres?

La fundamentación de esta creencia se me reveló hace tiempo y tiene una significación profunda en muchos y muchas (lo digo así por nuestra presidenta, si bien ella lo tiene más que claro). Si hay algo que una mujer no va a ser nunca, es ser hombre (¡bah, ahora ya no lo sé!). Si creemos que los hombres saben, que los hombres pueden, que tienen la capacidad intelectual de resolver temas importantes, de desarrollar carreras profesionales con solvencia, de generar plata, la mujer se siente desrresponsabilizada de esas tareas ya que “la naturaleza” así lo indica. Mejor dicho: la cultura así lo determinaba. Esta postura dominante del hombre sigue vigente (menos, pero sigue) en relación a lo remunerativo/valorativo laboral y en el hecho de detentar el poder en general. Si los hombres saben y pueden, quedémosnos tranquilas, no hay nada por lo que preocuparse, ellos lo resolverán o lo inventarán porque pertenecen al género masculino. Nosotras solo estaremos atrás, para hacer todo lo demás que no sea lo económico, todo eso que en definitiva no es “lo importante”. Si enumeramos todo lo demás, los aburriré con una lista de varias carillas, pero ¿qué importancia tiene todo lo demás?

Lo peor es que si no logran concretar estos designios, la sensación de fracaso de ellos es aplastante y la de ellas igual. ¿Qué se hace en esos casos, si la cabeza o la posibilidad para resolver “ESO” tanto lo de los hombres, como lo de las mujeres, la tiene el otro? Esto corre para ambos sexos: femenino y masculino. Si a los hombres se les pide que concreten las tareas que mencioné como “Todo lo Demás” de las que se ocupan las mujeres, los caballeros se quieren matar. Si bien lo desvalorizan, los apabulla. Del mismo modo, si a las mujeres se les dice: Debes hacerte cargo de lo económico, el terror las embargaría.

Aclaremos que esto no sucede en las clases trabajadoras, en las que el lugar de la mujer es en general el lugar de “La Mujer Maravilla”, sino en la clase media alta. Todo ha cambiado mucho, pero lo veo aún en mi consultorio.

Me tocó participar en una comida con algunos matrimonios en los que los hombres charlaban entre ellos y sus mujeres, sabiendo que yo era profesional y ejercía, disculpándose, me dijeron que ellas no se atenderían nunca con una mujer en ningún rubro ni especialidad. Yo les respondí, sin querer ser ofensiva, que no se preocuparan, ya que a mí me había pasado lo mismo de chica.

Recuerdo una oportunidad en la tuve una entrevista con una psicóloga a mis 21 años; huí despavorida, no pude escucharla. Yo también creía así, que las mujeres no sabían, ergo no tuve confianza en lo que me podría decir. Hoy lo pienso y me parece tremendo el sufrimiento que produce semejante creencia de uno mismo. ¡¡¡Qué desamparo nos pueden infringir semejantes apreciaciones!!!! ¿Cómo dudar de la capacidad de las mujeres solo por serlo? 

Trabajé muchísimo estos aspectos y me doy cuenta de que aún persisten en muchas mujeres que miran llenas de miedo su futuro si los hombres no están cerca de ellas.
Y los hombres buscan resolver las carillas de “Todo lo Demás”, en general, con su mujer u otra ( si es que se han separado ), que le guste y que se encargue de hacerlo.

Lo más llamativo es que (harto evidente por sus propias capacidades) en muchos casos trabajaron igual que los hombres, y en otros casos ganaron más que ellos; pero aún así, lo que transmiten es casi la letra de el bolero: YO SIN SU AMOR NO SOY NADA.

Por lo que voy exponiendo y que ha sido aprendido a lo largo de la vida es que me animo a afirmar la mayor placidez que se puede disfrutar en "la segunda vida", tras haber desmitificado tantos ídolos, desenmascarado a tantos fantasmas y tornado reales y falibles a los supuestos "poseedores del saber" de cualquier género.

Cuando cualquiera, sea hombre o mujer, se siente que sin el otro no existe, es presa fácil de la manipulación. Tema interesante que trabajaré en otra entrada del blog.


miércoles, 4 de junio de 2014

Adivina Adivinador

Por favor, necesito colaboración. De quien puede estar hablando alguien que me envió esto de forma anónima  ?


  1.  Los escucharás poco
  2.  Los visitaras poco
  3. Tendrás pocas obligaciones para con ellos
  4. Sabrán poco de ti
  5. Adivinarás sus sentimientos
  6. Tomarás muy poco en cuenta sus pensamientos
  7. Los llamarás poco
  8. No aceptarás reclamos
Desentrañemos juntos ésta incógnita. Si lo prefieren, háganlo sin darse a conocer.

¡¡¡¡¡ Por favor ayúdenme !!!!

lunes, 2 de junio de 2014

De los 10 mandamientos abreviados



Quiero confesarles que me retaron. Christiane Collange, a la que mencioné muchas veces, leyó alguno de mis artículos traducidos al francés y le gustaron mucho, pero me dijo: Silvia, a los 60 y pico no debes hablar de vejez (…) ”Es el comienzo de un proceso de múltiples cambios. Vejez es la imposibilidad de ser autónomo y valerse por sus propios medios”.
Le contesté que yo no me sentía vieja, solo que no sabía como llamar a este proceso de otra forma que no fuera envejecimiento. Ella lo llama “Segunda Vida”. Me gusta. Lo llama así porque alrededor de los 60 años se inauguran cambios de vida para los que se jubilan (yo no pienso hacerlo), en los que los tiempos para dedicarse a sí mismo son mayores, los hijos ya no están en casa y la longevidad augura tanto tiempo de posibilidad de vida (de 60 a 90 años), como aquel que se transitó siendo adultos (de 30 a 60 años) También existe la posibilidad de ejercer o innovar las actividades.

Recibí un comentario de una persona con la que nos estamos empezando a conocer por estos intercambios bloggeros. Me gusta y agradezco su participación porque dispara en mí reflexiones.

Lo que quiero aclarar es que cuando hablo de verdad para mí, es sinónimo de creencia, como aparece a lo largo de éste artículo. No tiene un significado religioso.

Me comenta que al transitar La Segunda Vida, queremos con más ansia saber acerca de la verdad de las cosas.

A mí me parece que no existe “la” verdad. Me causa gracia porque en privado, con un viejo amigo, tenemos esta misma diferencia de planteo. 

La verdad es privativa de cada uno de nosotros. Mi verdad puede ser diferente a la de mi prójimo. Los sistemas de creencias y la adhesión a ellas está ligado a lo que las personas lograron incorporar en su formación y su capacidad de cuestionarlas. Hay un chiste  (de  Groucho Marx) que dice: “Soy una persona de principios, tanto es así, que si no te gustan estos, tengo otros”. En este caso, las creencias o principios como verán son tan amplios, que no existen.

Lo que me parece que hay que diferenciar de acuerdo al comentario que recibí es:
La rapidez de los cambios en lo exterior, la difusión de los mismos al instante por las comunicaciones increíbles que los “ hombres supieron conseguir”, las mayores aceptaciones de las diferencias individuales que se dan en algunas sociedades (ser gay, la convivencia respetuosa de diferentes razas, religiones y culturas) es distinto a pensar que los adultos o nuestros jóvenes no tienen normas, o criterios del bien y del mal, o el tiempo suficiente de asimilarlos.
Tampoco creo que haya una “ley natural de las cosas”.
Lo que creo es que cuando los adultos, a veces padres, se confunden, por la oferta enorme de creencias a las que pueden adherir o no, en libertad, y no ejercen su rol de padres, los jóvenes están perdidos en las confusiones de sus progenitores y las propias, características de la juventud. Que ya no haya “PADRES” incuestionables, no quiere decir que no haya ley.
El hecho de que se pueda relativizar y reflexionar acerca de las razones de ciertas afirmaciones de la autoridad, sean padres, autoridades o gobiernos no quiere decir que no haya un vector de lo bueno y de lo malo. Cuando hablamos de transgresión estamos hablando de un valor que alguien no cumplió.

Creo que los Diez Mandamientos, para mí (en mi versión agnóstica) se abreviaron, y quedaron seis que siguen vigentes aún aunque  a veces no se note.

Honrarás a tu padre y a tu madre (Éxodo 20:12).
1:"Honra a tu padre y a tu madre,
2. No matarás (Éxodo 20:13).
"No mate"
3. No cometerás actos impuros (Éxodo 20:14).
"No cometas adulterio."
4. No robarás (Éxodo 20:15).
"No robes."
5. No dirás falsos testimonios ni mentirás (Éxodo 20:16).
"No des falso testimonio en contra de tu prójimo." 
6. No codiciarás los bienes ajenos (Éxodo 20:17)

Comentarios de los 10 mandamientos abreviados por mi agnosticismo.

Lo de honrarás a tus padres, me parece buenísimo. Hay que divulgarlo. En ese sentido les diré que estoy enrolada en este gremio y lo defiendo, sin dejar de reconocer que vemos casos en los que darían ganas de no cumplirlo y con razón.

No tengo dudas acerca del segundo.

Esto de los actos impuros en el siglo XXI, ameritaría que lo charlemos.

Con respecto al Cuarto tampoco tengo cuestionamientos. Me preocupa, que a pesar de la difusión de los casos de corrupción y de que la sociedad en su mayoría no roba, este precepto no es respetado. Trabajemos para que los que no se vean forzados a eso por necesidad, francamente le hagan caso.

Lo de no mentir también me parece perfecto.

Y lo de codiciar, mientras quede en el terreno del deseo y no de la acción, creo que podemos permitirlo. ¿O acaso no dijimos que la psicología reconoció su existencia?




domingo, 1 de junio de 2014

En qué creer? ¿“Cuanto más cambia todo, más sigue todo igual” o “Cambia, todo cambia”?

Al plantearme estos dos conceptos veo en un problema a desentrañar, ya que son opuestos y si afirmo uno supuestamente excluyo el otro.

Probablemente podría seguir afirmando los dos pero en dominios diferentes.

Voy a intentar analizar cuáles de los aspectos de la vida y de los humanos quedan inalterables. Si fuera que así sucede.

Iremos evaluando de afuera para adentro. En lo concerniente al ser humano en su packaging, sin lugar a dudas cambia. Nadie queda idéntico a sí mismo y los procesos del paso del tiempo se evidencian en nuestros cuerpos.

El contenido de los seres humanos, pensamientos, modos de concebir la realidad, expectativas, usos y costumbres está sujeto a la mayor variedad de posibilidades, ya que puede cambiar mucho, poco o casi nada.

Depende de la ductilidad de cada uno dada por la conjunción de factores genéticos y de aprendizajes familiares y socioeconómico-culturales que se entrelazan de infinitas maneras.

Lo que vemos en el contexto “mundo”, no hay dudas de que cambia. Por acción u omisión logramos transformar la naturaleza a favor y en contra nuestra. ¡Como siempre, los pares opuestos!

Lo que creo que no cambia es la idiosincrasia de lo humano. Estaban haciéndome unos test con luces en los que debía seguir una serie de estimulaciones lumínicas y pensé: esto lo pergeñó otro ser humano como yo y lo hizo para ayudar a sus congéneres. ¡¡Qué bueno! ¡¡Qué acto generoso! Hay millones de ellos, pensando en mejorar y ayudar a los otros.

También hay millones de los otros, de los negativos que tienen que ver con las miserias humanas. Por ese motivo creo que lo que no cambia y bajo diferentes formas se expresa es esta dicotomía de lo humano: lo bueno y lo malo. Lo bueno es todo lo que aporte tranquilidad, amor, paz, proyecto a los individuos. Lo malo, todo lo que provoque rivalidad, competencia, destrucción, envidia, celos, mezquindad, acaparación. Estos sentimientos forman parte de nuestro ser y, gracias a los aportes de la psicología, hoy podemos reconocerlos como constitutivos del ser humano. El conocimiento de su existencia permite la puesta en marcha de lo más patognomónico de lo humano que es representar en su pensamiento las consecuencias de sus conductas y poder lidiar con estos aspectos negativos  e instrumentarlos de una manera constructiva. El sentir rivalidad y saberlo es una cosa diferente al hecho de actuarla.

Hay una creencia difundida en la que se piensa que la naturaleza es sabia. Personalmente lo pongo en duda. El hombre forma parte de la naturaleza y sus aspectos negativos compiten codo a codo con los positivos. No me animaría a señalar cuáles son las manifestaciones más resaltables de esta humanidad si quisiéramos  evaluar y cuantificar la calidad de las acciones.


¿De dónde sacamos que lo natural es bueno o sabio?. Los tsunamis son naturales y nos desvastan . El cáncer, lo mismo. Nosotros, los seres pensantes, participamos de lo natural; de eso no nos cabe ninguna duda, pero de ahí a que se evidencie nuestra sabiduría hay una distancia

. Podríamos decir que: Cuanto más cambia todo, más sigue todo igual, pero solo en ese aspecto, en la presencia de ambas fuerzas: la de lo constructivo y lo destructivo, lo deseable y lo indeseable que son de una misma intensidad pero de signos opuestos. Los franceses dicen : Plus ça change plus c' est la même chose.

lunes, 19 de mayo de 2014

De los jóvenes viejos y de los viejos jóvenes



Estuve leyendo a Christiane Collange y me causó mucha gracia un relato que hace, de tres damas inglesas muy aristocráticas. Se trata de un diálogo que mantenían durante una partida de bridge estas señoras, que tenían alrededor de noventa años cada una. Preguntaban si durante la semana habían tenido alguna novedad, y una de ellas comentó que se sentía terriblemente aliviada porque había encontrado un geriátrico muy apropiado para su hijo, el mayor, que tenía 70 años, ya que no dejaba de hacer tonterías, no podía tenerlo en su casa en esas condiciones. 

Si bien esto no es cierto, ya que era sacado de una obra de ficción, en la actualidad se pueden dar estos fenómenos inusitados.

También relata Christiane que en ocasión del festejo del cumpleaños número 100 de una señora, su hijo se dirigió a los invitados y dijo: nunca pensé que estaría alegremente festejando los cien años de mamá; a lo que la madre, sacándole el micrófono, acotó: de joven nunca pensé que llegaría a tener un hijo de 75 años.

Vi esta semana el festejo de 100 años de una señora que pasaron por la televisión, y seguramente ella tendría un hijo de setenta o más sin lugar a dudas.

Apresúrense a sacarse fotos los que tengan posibilidad de tener bisnietos porque serán, en un futuro, raras avis. Díganles a sus nietos que una vez sacadas las guarden y podrán venderlas en el futuro a precio de oro, ya que será una condición inexistente la de tener bisnietos o tataranietos.

Piensen que nuestros hijos se casan cada vez más grandes, o mejor dicho se emparejan más tarde, y acceden a la paternidad/maternidad también a edades más avanzadas. Este hecho determinará que, a pesar de que los longevos vivan más, será muy difícil conocer a los bisnietos o tataranietos.

Creo que esto es una anécdota, pero no así la necesidad de cambio al concebir la realidad, ya que nos toca vivir una ruptura de paradigmas enorme, en la que se produce una revolución en nuestras cabezas.

¿Cuando hubiéramos pensado que podriamos asistir al cumpleaños número 75 de un hijo?

¿Se acuerdan de la canción de Mercedes Sosa? Cambia en lo superficial, cambia, cambia en lo profundo. Cambia el modo de pensar. Cambia todo en este mundo.



sábado, 17 de mayo de 2014

De la posibilidad de inventar nuestra vejez



Si a alguien nos participara de un invento que se le ocurrió y nos demostrara su utilidad con fundamento, ¿se nos ocurriría decir que eso no tiene sentido?

Les contaré un invento mío, que no llevé adelante:
Preocupada por los accidentes en las autopistas –donde los autos circulan a alta velocidad y, si alguno tiene un desperfecto en el carril rápido, lo más probable es que no pueda bajar a poner las balizas porque que se lo llevarían por delante– se me ocurrió lo siguiente: Por qué no incorporar a los autos algo semejante al airbag, que salga del techo para que, por su dimensión y colores, indique con muchos metros de anticipación que hay un auto en emergencia y un peligro cerca. Como en las embarcaciones, según viéramos el color rojo o verde el auto estaría indicando que estaba circulando en tal o cual dirección.
No encontré a nadie al que se lo comentara que me dijera que la idea era mala. Los que escuché es: Hay muchos intereses creados para cambiar lo que hay, alguien tiene que diseñarlo, tienen que aceptarlo las autoridades, las industrias automotrices, te  van a robar la idea, etc.
No hice nada.

Si no se hace nada, no pasa nada. No cambió nada.

Nosotros, los que vamos envejeciendo (de sesenta años  en más), somos los pioneros, por la magnitud en número, a transitar este boom de longevidad. Razón por la cual estamos invitados a volver a reflexionar acerca del camino que nos toca transitar.

Si no pensamos nuevamente los criterios con los que mirábamos la vejez estaremos condenados por nosotros mismos y sin razón.

No hay duda de que vamos cambiando y lo que también hay que cambiar son los hábitos, que por definición son repetitivos.

Les contaré una anécdota que ejemplifica un hábito.
Hace unos años, después de trabajar muchas horas en mi consultorio, llegué a mi casa extenuada. Había comenzado a trabajar a las ocho de la mañana y eran las ocho de la noche.  A los pocos minutos sonó el teléfono. Era una amiga. Me preguntó que estaba haciendo y le dije que estaba poniéndome el pijama. Ella me respondió: ¿El pijama a las ocho de la noche? Yo le contesté riéndome: ¿Por qué? ¿A qué hora debería ponérmelo? Ella me respondió que a las diez. Yo le pregunté ¿por qué a esa hora? Y ahí ya riéndonos las dos, nos dimos cuenta de que ella conservaba hábitos de cuando su marido volvía de su trabajo y tomaban un whisky con el socio de él y ella, y venían los hijos con las novias de la facultad. Hacía muchos años que era viuda, los hijos ya no vivían con ella hacía mucho tiempo. Pero ella seguía en tailleur, hasta las diez de la noche, como si fuera necesario.

Esta anécdota viene a cuento de que hay que tratar de revisar las razones, de por qué realizamos ciertas conductas, sobre todo, de aquellas que nos imponemos sin que haya necesidad. Son anacrónicas y no nos sirven hoy. En la anécdota, la incomodidad de quedarse elegante era por no repensar que la realidad había cambiado, ya no había marido que llegara y tampoco hijos que vivieran allí. Perdón a mis pacientes que sin duda ya han escuchado este ejemplo de mi parte.

Esto no era tomado por ella como algo que le pesara, pero al descubrir que era innecesario pudo darle la forma que creyera mejor para ese momento.

Estos ejemplos son nimios si los comparamos con otros que involucran intereses más profundos e importantes que cada uno puede llegar a descubrir, y que puede llevar adelante en el proceso de envejecer.

Además, quiero ayudar a desenmascarar viejos prejuicios instalados que muchas veces son tomados seriamente por los mismos adultos mayores.
Paso a describir algunos:
Los viejos no entienden.
Los viejos son lentos
Nadie aprende con la experiencia del otro, para qué nos sirve su transmisión si el mundo cambió.
Los viejos no escuchan.
Los viejos molestan 
Esto es mentira. Podríamos decir que muchas personas no entienden ni de jóvenes ni de viejas.
Los viejos son lentos para ciertas cosas, como las que tienen que ver con el deterioro físico, pero no en todas. La lentitud a veces permite la profundización. Hay jóvenes lentos y viejos rápidos.
Hay viejos que molestan y otros que no. Hay jóvenes que molestan y otros no.
Hay viejos tontos y jóvenes tontos y viejos que transmiten sabiduría y otros muy pesados. Y jóvenes deliciosos y brillantes
Hay jóvenes que escuchan y se interesan y otros que no escuchan teniendo su oído intacto y viejos que a pesar de tener su oído deteriorado se esfuerzan por escuchar y entender.

Salgamos de las generalizaciones que solo aportan discriminación y falta de realidad.
 El tiempo nos juega a favor y no en contra, porque  las experiencias incorporadas y vividas, ya están dentro nuestro. Si sabemos combinar entre sí los aprendizajes que supimos conseguir, podremos inventar lo que nos plazca y generar posibilidades insospechadas hasta el momento. No les parece que esto de inventarnos tiene sentido y fundamento?


lunes, 12 de mayo de 2014

Introducción para el futuro blog traducido al francés para Pass It on Network




Uno de los aportes que quiero hacer tiene que ver con mi propia experiencia. En el año 2013 empecé a escribir un blog alentada por mi marido y amigos; el tema que elegí fue y es reflexionar sobre mi propio proceso de envejecimiento, pero con humor.
No tenía ninguna finalidad más que divertirme escribiendo; y a los pocos a quienes les conté y lo habían leído me pedían que lo siguiera haciendo. Rescato sobre todo a la hija de una amiga mía, Lorena Sarán, que vive en Gratz (Austria), y que me decía que le encantaba seguir mis escritos.
Descubrí la EGPE (Ecole des Grands Parents Europeens) buscando a Christianne Collange, de la que había leído solo un libro cuando tenía 38 años. En esa búsqueda encontré a Marie Françoise Fuchs, creadora del EGPE y luego de la Old Up. Yo, viviendo en Argentina y gracias a las maravillas de la Internet, logré una cita con cada una de ellas: las tuve en octubre de 2013, en ocasión de un viaje a Paris; y de ahí en más, poco a poco y paso a paso, fui trabajando cada vez más en este sentido, desarrollando proyectos relacionados con la revisión de los conceptos de vejez y longevidad.
Lo que quiero transmitir es que los proyectos se arman y toman forma de a poco. Cuando comencé a escribir no tenía ninguna idea de proyección. Cuando seguí haciéndolo durante meses después de mis encuentros e intercambios con Marie Françoise, tampoco. Recién ahora, después de seis meses, comienzo a concretar una participación en este tema que tomé como “Mi Tema” de interés para compartir con quien quiera hacerlo.
Mi agradecimiento también a Moira Allan, que con su calidez me dio coraje y confianza para integrarme al Pass I ton Network, designándome como contacto para Argentina de la Organización creada por Jan Hively junto a Moira y que es Pass It On Network. No quiero dejar de mencionar a mi amiga Luisa Axpe, escritora y psicóloga, que me ayuda a corregir mis escritos y está presente cada vez que la necesito.

Proyecto de  la Argentina de Lic. Silvia Crom.

Mi blog reflexionesdeunamujerde60/blogspot permite que las personas interesadas en los temas acerca del envejecimiento puedan compartir lo relatado y ahondarlo. Se formarán grupos On Line, por ahora en francés y en español.
La posibilidad de intercambiar con gente que transita o se interesa por esta problemática, aporta incentivos a las propias búsquedas de cada persona al ver que hay otros que se encuentran (o se encontraron en algún momento) en la misma situación. Permite desarrollar proyectos, tanto para la acción como también para encontrarle un sentido a la propia existencia en el momento en que se suponía erróneamente que las actividades se acababan.
El blog permite identificarse con los diferentes temas tratados, permitiendo de ese modo elegir con qué se quiere trabajar y también sugerir las problemáticas que les puedan interesar a las diferentes personas, haciendo desde lo personal un aporte que tenga interés universal.

domingo, 11 de mayo de 2014

Quien de joven no trota de viejo.......se asusta



Mi experiencia como mujer y psicoterapeuta me ha puesto en contacto con las vivencias de miedo de hombres y mujeres ante las nuevas situaciones que les toca vivir. Aludo a situaciones traumáticas como lo son el divorcio o la muerte de la pareja.
Según el período en el que suceden estos cambios, las reacciones a los mismos son muy diferentes.
Si el divorcio o la viudez sucede a los 30, 40 o 50 años, no es lo mismo que a los sesenta o más.
Pareciera que alrededor de los 60 años algo diferente sucede. En realidad, no solo es la edad la que influye en el modo de asumir ciertos acontecimientos, sino la sedimentación de vivencias anteriores por las que se atravesó. La cantidad de roles y responsabilidades asumidas a lo largo de la vida representan un entrenamiento importante en la resolución y tramitación de ciertas problemáticas que se presentan en cada uno de nosotros en el transcurrir de los años.
Personalmente no creo en eso de que “lo que no te mata te fortalece”. A mi modo de ver, lo que no te mata te debilita. Creo que aquello que te golpea fuerte te puede brindar elementos de reflexión y de menor sorpresa para enfrentar algunas cosas, pero que nos cansa, es cierto, nos cansa y..... mucho.
Las personas que han tenido una vida muy lineal, si se encuentran a los 60 o 70 años con un cambio radical, como es encontrarse sin su pareja, después de haber transitado la vida en compañía, cada uno ejecutando un rol, creo que se encuentran más desconcertados y desvalidos que aquellos que se han enfrentado de mas jóvenes con estas circunstancias de alto impacto.
Cuando los usos y costumbres que tenían se ven alterados, se genera una gran conmoción en las personas. Se mezclan sentimientos. Pueden aparecer simultáneamente dolor, rabia, desconcierto, tristeza. La lectura de la realidad se disloca, aparecen dudas con respecto a casi todo, sin la consciencia de por qué sucede lo que sucede en nuestra interioridad.
El hecho de vivir en pareja disimula las inconsistencias propias y ajenas. Si la mujer no sabe prender el calefón lo hace su marido, si un hijo viene con un problema lo baraja la madre. Estos dos son solo ejemplos, a fin de poder explicitar mejor lo que quiero decir. Ya que no intento con esto idealizar las situaciones de matrimonio. Cuando acontece una desaparición, por el motivo que fuere, de uno de los miembros de una pareja, el que queda, queda con el vacío real del que no está, más las inconsistencias propias, en las que probablemente no reparó.
Pero no desesperéis, porque si bien creo que lo que he expuesto hasta acá es cierto utilizaré otra frase más alentadora: nunca es tarde “cuando la libertad es buena” (como verán, la cambié un poquito). Con esto quiero decir que “se puede” revertir el concepto del encabezamiento de esta reflexión diciendo: Quien de joven no trota, de viejo… tiene miedo, pero galopa. ¿Han visto a alguien que tras años de no hacer ejercicio, de nunca haber trotado, no le duela todo al galopar? Quiero aclarar que esto que escribo alude a “todos y todas”, no se me ofendan mis compañeras de género.
Es así lo que les sucede a las personas que de mayores, se animan a insertarse en un mundo desconocido para ellos, de nuevas relaciones con hombres y mujeres, salidas seductoras o frustrantes, contacto con los hijos personales, no filtrados por los que nos acompañaban, la mamá o el papá de esos hijos. Que a su vez muchas veces eran generadores de conflictos.


He aquí que no hay edad para animarse a vivir las asignaturas pendientes. Hecho esperanzador y generador de expectativas. Por otra parte no nos engañemos, este ejercicio de salir, gustar, conocer gente también era un desafío movilizante en la juventud y provocaba miedo. Si me permiten un consejo reestructuraré el encabezamiento: Quien de joven no trota, de viejo ¡¡¡vaya al paso!!!, si puede.

sábado, 10 de mayo de 2014

De los reconocimientos




Me parece que el animarse a mostrar lo que uno piensa trae aparejado salir de uno mismo para compartir.
Éste compartir, a veces, viene de la mano con las ideas, emociones, que se despiertan en los otros y en el mejor de los casos obtenemos una devolución.
Digo en el mejor de los casos ya que en general a la gente le cuesta mucho mostrarse y dar sus opiniones.                              
Sin embargo a mí me genera una adrenalina muy especial poder llegar a otras personas y ni les cuento lo que me provoca su respuesta.
Del mismo modo, cada vez que recibo a un nuevo paciente me lleno de expectativa e interés ante la posibilidad de conocer a ese ser con sus enigmas y riquezas.
Hablando con una amiga, me dijo que yo había cambiado muchísimo y mas allá de haber cambiado en el envase sin quererlo (¿ será por envejecer?), cambié en el contenido, también sin quererlo.
El cambio en el contenido, vino de la mano con el paso del tiempo. Es en este momento que me atrevo a mostrarme y no así antes.
Tenía vergüenza. Me parecía que para decir algo tenía que ser una genialidad y en realidad las confrontaciones me asustaban.
Hoy, supongo que como a todos, me encanta el reconocimiento de los demás pero si no lo obtengo por disenso de ideas, no me mata. Espero respeto, pero no agradar en mis pensamientos.
Todo esto viene a cuento del entusiasmo que me provoca el intercambio con los demás y los aprendizajes que obtengo en esta interacción.
Voy descubriendo en los distintos intercambios posibilidades diferentes.
Lo que quiero trasmitir es que el reconocimiento de los otros, para mí, es un generador de fuerza vital y de entusiasmo. Genera ideas, impulsa a seguir e ilusionar. No es algo que se logra de una vez y para siempre sino que es un desafío permanente. Nunca somos idénticos a nosotros mismos en el tiempo y la necesidad de saber lo que despertamos en los otros es un espejo de nuestro propio cambio y del cambio de los demás.
Por estas razones el devenir mayor puede liberar, acercar y generar oportunidades.

viernes, 2 de mayo de 2014

De los temas para grupos de reflexión

Soy psicóloga desde hace 35 años, y desde hace mucho tiempo me dedico a pensar y trabajar en los procesos que se desarrollan en la gente en relación con el paso del tiempo. Lo primero que quiero señalar es que los temas referidos a este concepto deberían ser trabajados en grupos, no de terapia sino de reflexión.

Este encuadre enriquece, alivia, vence los miedos; por ejemplo, la coincidencia y el hallazgo de similitudes, hecho que sucede, suele arrancar risas en los participantes y ayuda a desdramatizar ciertos acontecimientos, que en general suelen ser vividos, como problemas personales y no comunes a muchos.

La etapa del envejecimiento es de sentimientos y emociones fuertes a su manera; se presentan nuevas problemáticas que a su vez nos enfrentan con la necesidad de encontrar nuevas resoluciones, y estas surgirán de nuestras posibilidades de reflexionar, metabolizar y enfrentar lo que nos sucede. Por mi experiencia, sé que el resultado de estos encuentros es muy fructífero. Me propongo editar el material recopilado en ellos, con la intención de difundir las ideas de todos los participantes, para ayudar a otras personas y también por el placer de generar algo que hayamos construido juntos.

Las preocupaciones a las que aludo son:

1. La vida como proceso de apego y desapego.

2. Cómo me despego de viejas creencias que por ser antiguas no son funcionales en este momento, y generan incomodidad así como limitan la libertad.

3.Vejez de los padres. Necesidad de atenderlos y ocuparnos de ellos. Angustias y dolores en esa etapa.

4. Criterios con respecto a la maternidad y a la paternidad. ¿Qué es ser buenos padres cuando los hijos son adultos?.

5. ¿Independencia o alejamiento de los hijos adultos?

6. Cómo ser madre/padre de adultos.

7. Casamiento de los hijos. Nuevas relaciones con una nueva unidad familiar, la de los hijos, que es familia pero es otra y diferente.

8. Hijos varones.

9. Las hijas.

10. Los nietos.

11. Las nueras.

12. Los yernos.

13. Envejecer, sí. Liberarse, también. Proyectos, aceptaciones y rechazos del envejecimiento.

14. Las parejas de muchos años y los nuevos pactos a negociar.

15 ¿Envejece la mente?

16. Envejecimiento del cuerpo, los achaques.

17. Las familias ensambladas.

18. El dinero en las familias tradicionales y en las ensambladas.

19. Miedo a la enfermedad, el deterioro y la muerte.

20. ¿La jubilación del trabajo o de la vida? Tiempo libre. La importancia del contacto con otros .

21. Cómo manejar la intolerancia creciente y el fastidio.

22. Los hijos, ¿saben lo que nos pasa a esta edad? ¿Deberían saberlo?

23. Difusión y denuncia acerca de la actitud de muchos con respecto al trato de la palabra, las ideas y los aportes de los mayores. Búsqueda de valorización. Ser viejo no es ser niño ni tonto.

24. Acercamiento de los jóvenes al intercambio con los mayores. Enriquecimiento mutuo.

Importancia de que los mayores tengan una actitud proactiva con respecto al aprendizaje de lo nuevo.


26. Manejo de la informática como condición para no caerse del mundo.

miércoles, 23 de abril de 2014

De la amistad en "los tiempos de colera"


 Mi agradecimiento y disculpas a García Márquez por la adaptación del título de su obra.


La razón por la que hablo de "los tiempos de cólera", es que veo con frecuencia en los adultos mayores una gran irritación hacia lo que no les gusta o les molesta.



Pido ayuda a los que lean este blog: colaboren en desentrañar las razones de la intemperancia que muchos adultos mayores manifiestan.



Constituye una creencia equivocada el pensar que las personas grandes son "calmas".

Puede ser que nos asemejemos en algo a los ancianos japoneses. Ellos, a lo largo de su vida, han estado bajo la presión de normas culturales muy estrictas, donde el interés corporativo prima sobre el interés individual. Por lo tanto, parece que en la vejez se permiten conductas y exteriorización de apreciaciones que no se permitieron antes (Ref. Amelie Nothomb).

No es nuestro caso, no sufrimos tales presiones culturales. Pero lo que sí creo que sucede en nuestra sociedad, es que a lo largo de la vida, las personas intentamos agradar como forma de ser aceptadas y queridas; por lo tanto, es una exigencia de otro orden pero exigencia al fin.

También hay una diferencia importante según el género del que hablemos.

Las mujeres, en general, conocen más de este tipo de actitud de intentar lograr la aceptación y cariño. No olvidemos que aún hoy la cultura machista tiene una influencia importante.

Pienso que si bien no somos como los japoneses, que se desatan en la vejez y se permiten manifestar lo que antes no hicieron a lo largo de su vida joven, observo en nuestro entorno a muchos adultos mayores que ya no sostienen la represión verbal y el cuidado que solían mostrar.

Entre los japoneses, el respeto de las jerarquías, el lugar de la ancianidad, es diametralmente opuesto al de la sociedad occidental y el lugar de la vejez goza de otra valoración y protección que la concebida entre nosotros, al igual que el lugar de los hijos es diferente que en nuestra cultura. En ese encuadre es que los hijos tienen la obligación moral de respetarlos, ampararlos y hasta de vivir con ellos en su vejez.

Pero, congéneres: ¡ATENCIÓN! Con nuestros hijos en general nos cuidamos, el miedo no es sonso. Ellos, que no son japoneses, les parecerá un chino aguantarnos, y es de marcianos para nosotros y para ellos vivir juntos el día de mañana. Además, ¡Dios no lo permita!!!

Pero como somos mayores pero no tontos (o eso creemos) descargamos nuestra irritabilidad con los amigos o con las parejas. Esto lamento comunicarles que es "muy tonto". Ya que nuestros maridos/ mujeres  y amigos son nuestra verdadera compañía.

¿Qué pasa con los viejos amigos? ¿Qué pasa con nuestra afinidad histórica?. Muchos de ellos se pierden en el camino del disenso. Es doloroso. ¿Es inevitable?

lunes, 21 de abril de 2014

De la edad




Esta mañana leí algo que me encantó: "quien no descubre el verdadero sentido de una edad, queda condenado a vivir lo peor de ella".
Esta reflexión me llevó a preguntarme qué era lo mejor de la edad que estoy transitando –66 años– y por qué.
Lo primero que se me ocurrió es que disfruto enormemente de las cosas que quiero hacer y además quiero hacer muchas cosas que antes no me interesaban. Me encanta leer en idiomas diferentes a mi lengua materna, me entusiasma hacer manualidades para mis nietos, me divierte tejer, me atrae escribir, disfruto mi profesión, me sigue encantando hablar con mis amigas significativas que son otras que las que lo eran tiempos atrás.
Me genera interés trabajar en un proyecto en relación al cambio de paradigmas con respecto al envejecimiento, en el que se piense al adulto mayor con parámetros actualizados y no con los tradicionales, del estilo: sinónimo de enfermo, imposibilitado, disminuido, carente, idiota o infantil. Este es el modo generalizado de pensar la vejez en nuestra cultura. Lo peor es que los adultos mayores también lo creen.
Una lectura anacrónica de cualquier hecho da un diagnóstico de la situación errado y falso. Ghandi decía: "Una mentira creída por muchos no la transforma en verdad". Hay que tener cuidado con los modos de pensar, porque los hechos son según uno los piensa.
Hay un prejuicio en el que se afirma que, con el paso del tiempo, la disminución de la actividad motriz, o de los sentidos, de la vista o del oído, en cuanto a potencia, es leído como discapacidad. Lo que yo creo es que la merma de las funciones nos habla de disminución en relación con lo que podíamos lograr antes, pero de lo que fundamentalmente nos habla es acerca de la diferencia. Lo que antes podíamos hacer, por ejemplo, ver bien y sin anteojos, ahora nos cuesta más o no podemos hacerlo, pero lo que sí podemos es entender las cosas de otra manera, sin apremio, sin tantas dudas, con convicción de lo que pensamos y pudiendo hacerlo profundamente fundamentado. Si nos demuestran lo contrario, lo podemos aceptar sin sentir por eso que no valemos o que seremos desacreditados o criticados.
Claro que como toda reflexión no puede generalizarse, no todos los adultos mayores lo piensan así o lo pueden plasmar de este modo, pero lo que queda clarísimo es que hay tantas diferencias entre nosotros los mayores como entre los jóvenes. El grado de reflexión, introspección, autoestima, vivencias, constitución genética, educación, familia, etc., hace a las diferencias humanas, más allá de la edad que se transite.
Lo que creo que lleva a la posibilidad de pensar de un modo abierto y sin añoranzas "de lo joven" es haber vivido todas las etapas cronológicas, aun sin respetar la secuencia consensuada para la época que nos tocó vivir. A mí me costó pero no dejé asignaturas pendientes. Personalmente yo fui una chica con responsabilidades grandes, luego una grande con obligaciones asumidas de muy chica y desafíos a enfrentar. Me reí mucho, me divertí mucho, sufrí un montón, tuve muchos miedos y ahora soy una mujer de 66 años con muchas preguntas, algunos sinsabores y dolores, algunos miedos pero, sobre todo, mayor confianza, tranquilidad y muchos motivos de alegría. No añoro el pasado. Fue bueno y malo, como todo lo que se da en la vida que siempre implica los pares opuestos. Lo que me parece importante es que prevalece lo positivo.
Dentro de mis elucubraciones, pensé en la afectividad del mismo modo que a veces pienso en el cerebro. Mi teoría es que cada uno de nosotros venimos dotados con una especie de máquina fotográfica en nuestra cabeza. Esa máquina tiene las más diversas potencias y posibilidades de captación. Cada uno funciona con la que le ha tocado, más algunos aprendizajes, que contribuyeron a ampliar el ángulo de la toma que se quiera hacer. Pero cada máquina capta un aspecto de la realidad y probablemente la verdadera imagen sea la sumatoria de lo que captaron la totalidad de las cámaras. En lo afectivo, ¿no será igual?