sábado, 3 de septiembre de 2011

Del Divorcio

El divorcio es uno de los acontecimientos más conmocionantes en la vida de una persona, fundamentalmente cuando hay hijos. Se transita por grandes dosis de dolor y sentimientos de pérdida pero también puede tener una parte positiva, una vez elaborado su duelo. Esto lleva tiempo y esfuerzo. Para llegar al divorcio la relación debe llegar, en la mayor parte de los casos, a un momento donde la convivencia se vuelve insoportable.

Lo malo es la disolución de la familia entendida como mamá, papá e hijos. En las familias cuyos miembros tienen una psicología normal (normal en términos estadísticos), esta pérdida es irreparable y dolorosa. No hay modo de que se conforme una sociedad más intensa que cuando las parejas acceden a la paternidad/maternidad conformando una familia. Digo intensa en cuanto a la profundidad de los sentimientos que se generan y se ponen en juego. A pesar de que ese sentimiento cala inmensamente hondo en cada uno, no es suficiente para seguir adelante con el vínculo conyugal cuando la insatisfacción es muy grande, y a pesar de los sufrimientos que se padecen durante y después de las separaciones, lo que se genera muchas veces es la esperanza de una vida mejor. Que muchas veces es real, y otras, producto de idealizaciones inmaduras.

Con el casamiento se conforma lo que denomino una Sociedad de Responsabilidad Compartida (S.R.C) en la que los roles, tácita o explícitamente, se dividen entre los miembros que la componen. Esta división de tareas puede tener los más diversos formatos en la época que nos toca vivir.

En los divorcios se ponen de manifiesto las creencias más atávicas acerca de los roles de la pareja junto a la certeza de que el otro no cumplió con esas expectativas. Una de las principales variables de ajuste de cuentas con el otro se realiza a través del dinero. Pero no sólo como castigo, sino que hay una franca distorsión del papel de lo económico en los vínculos familiares. Es común la creencia de que el dinero es propiedad del que lo posee o lo genera. No tiene ninguna importancia que se contradiga uno los principios fundamentales de la conformación de una pareja: aquello de compartir todo. Al hombre o la mujer que trabajen ocupándose de las tareas diarias de la casa, lo doméstico (no remunerado) lo llamaremos el mundo del adentro. En el mundo del adentro, además del trabajo rutinario y poco valorado propio de la vida hogareña, se tiene además la responsabilidad que conlleva atender y ayudar a crecer a los hijos, y el pequeño detalle de enseñarles cada una de las cosas que son imprescindibles para la vida. El que sale a trabajar para traer el sustento económico, diremos que está en contacto con el mundo del afuera. Sucede que esa persona, la que genera o posee el dinero, siente muchas veces que tiene el poder; luego, es habitual que maneje los vínculos. Ésta, es poco frecuente que crea y considere justo y necesario la permeabilidad, entre esos dos mundos y sin percatarse, desprotegen a sus familias. No toman en cuenta lo importante que es para el que lidera el mundo del adentro, su pareja, poder acceder a lo generado en el mundo del afuera por el que trabaja. La falta de libertad en el manejo del dinero y/o la información acerca de lo que les pertenece genera dependencias nocivas que minan la relación y no dejan crecer a sus componentes. El que se dedica cotidianamente al mundo del adentro, muchas veces, fomenta e invita a la inclusión al que se dedica mayormente al mundo del afuera para que participe en la educación y todo lo relativo a la vida familiar. A ningún progenitor a cargo de los hijos –o sea, en el mundo del adentro – se le ocurriría decirle a su hijo “no le prestes tanta atención a tu papá/mamá porque te atiende menos que yo, y por lo tanto yo tengo más derechos sobre tu vida”. Pero es muy común que el que trabaja y gana dinero considere que su cónyuge no pueda manejar ese dinero con la misma libertad que él mismo; cree que no le pertenece, o le pertenece menos. Esto me ha llevado a pensar que, para esta categoría, nada puede equipararse a Don Dinero. Es probable que se encuentren declamando que lo que más quieren y cuidan en el mundo es a sus hijos. Pero a la hora de compartir tiempo, interés y dedicación, lo que se evidencia por la actitud es que lo que más cuidan es el dinero. No quiere decir que no quieran a sus hijos, pero los quieren así, de esa manera. Algunas personas que no se interiorizan en la crianza de sus hijos creen que es más fácil hacer hijos que hacer plata. También sucede que muchas veces el que cuida a los hijos, en general las mamás, creen tener mucha mayor sabiduría acerca de lo que los chicos necesitan, quieren, carecen y si bien declaman querer ser ayudadas a la vez desvalorizan los criterios de los padres.

A la sociedad conformada por los lazos de padres e hijos la he dado en llamar Sociedad de Responsabilidad Ilimitada ( S.R.I ). ¡¡Atención!! Esta S.R.I es de los padres y madres en relación sólo con los hijos. En este momento de nuestra cultura lo mas frecuente es que los hijos queden al cuidado de la madre. En el caso de que sea la mujer la que se manejó en el mundo del afuera no hay problemas, está acostumbrada a aportar dinero y a saber manejarse en ese ámbito. Lo mas habitual, por lo menos por ahora, es que la responsabilidad de la manutención recaiga en el hombre que vino haciéndolo hasta el momento de la disolución del vínculo; aquí surge un problema ya que la SRI no se extiende a los encargados del mundo del adentro, a los progenitores que cuidan de los hijos. Por la ruptura de este compromiso aparecen montantes de ira inusitados.

Se generan algunas veces situaciones de lo mas raras, existen padres ricos con hijos viviendo como pobres ya que al quedarse con el progenitor que se encargó del mundo del adentro, éste en general no tiene de buenas a primeras, tantas armas para ganarse la vida de modo eficiente muy rápidamente y además cuidar de la prole. Es un tema muy espinoso y de difícil resolución.

Finalmente llegamos a la famosa. Sociedad de Responsabilidad Limitada (S.R.L) Una vez divorciada la pareja, el que no está viviendo con los hijos, es bastante usual que acote, conscientemente o no, su responsabilidad con la familia, Delegan en el otro, en la despareja ( porque ya no son conyuges), la mayor parte de las responsabilidades antes compartidas. En esta disparidad comienza a regir el “sálvese quien pueda”. Esta sociedad de responsabilidad limitada, con esta acepción, perfila muchas veces los conflictos que se irán dando a lo largo del tiempo entre los progenitores después de haberse separado, que se traducen en: tironeo de los hijos, manipulaciones y cantidades de actitudes lamentables que afectan, en la mayor parte de los casos, a todos los miembros que les toca vivirlas. La separación se concreta porque la pareja funcionaba mal , figúrense lo difícil que puede llegar a ser logar acuerdos entre ellos con estos antecedentes, aunque mas no sea para no dañar a los hijos. Los estatutos que pueden llegar a regirlos pueden estar bien expresados por la canción: Antón Pirulero, cada cual atienda su juego y el que no un “embargo” tendrá. ¿Era así?
También existen los divorcios armoniosos, más raramente, pero los hay.

Hasta ahora les he hablado de las diferentes sociedades que, según mi modo de clasificarlas, se conforman desde el casamiento hasta el divorcio; es la parte más dura y dolorosa.

Lo mejor del divorcio, si cabe decirlo, son las enormes expectativas con las que algunos se lanzan a ese mundo nuevo. Especialmente aquellos que han tenido poca experiencia vital de solteros y/o se han casado muy jóvenes. Se teme mucho y se ilusiona otro tanto. Una vez divorciados, todo es más fuerte, las alegrías son enormes y las tristezas también. Por ese motivo habrán visto que es la mejor etapa para estar delgados, porque se vive al borde del ataque de nervios. Si quieren adelgazar sin ir a un nutricionista, se los recomiendo. Les aseguro que funciona en la mayoría de los casos.

Se conoce mucha gente y se comparte un mundo amistoso que se vuelve muy fuerte y que ayuda a transitar esa etapa de la vida llena de desafíos a enfrentar e hijos a acompañar. Se recrean conductas de épocas de adolescente, pueden pasarse, sobre todo las mujeres, hablando horas por teléfono acerca de si el que tenía que llamar llamó y contando lo que él dijo y lo que ellas le dijeron y lo que él les contestó y lo que ellas le respondieron. Las anécdotas ocupan gran parte de la vida entre la adolescencia y los cuarenta y diez años entre las divorciadas. ¿Se acuerdan de los números en francés de los que hablamos antes? ( entre los varones no es frecuente que comuniquen sus intimidades). Después, con el paso del tiempo, se vuelven más escuetos estos diálogos y comienzan a separar lo importante de lo aleatorio, y en general, si evolucionan, llegan a la conclusión que no hay tantas cosas para contar que les parezcan relevantes, salvo las del trabajo y la familia, que pasan a ser las importantes.

El hecho de enfrentar la vida sin una pareja estable es muy duro y difícil, pero –como todo aprendizaje – nutre de tal modo que, si se sabe aprovechar, se pueden transformar en personas autónomas, en el buen sentido de la palabra. Puede ser deseado estar con alguien pero no se lo necesita para poder vivir.
Esto me remite a un paciente que tenía problemas de pareja, temía separarse y me decía, citando a Mario Benedetti, que “él junto a su mujer, codo a codo, eran mucho más que dos”. Yo le respondí que ahí estaba su problema, porque creía que él solo era menos que uno. No hacía falta ser más que dos, creerse menos que uno ya te deja en una situación de franca inferioridad.

Nos damos cuenta de que el glamour está donde uno lo vea y lo encuentre. . Cruzarse con alguien que integre el mismo conjunto de creencias, usos y costumbres, caracteres, y que además nos resulte atractivo es de una complejidad superlativa

Existen en el estado de divorciados los miedos a la frustración y las diversiones. En cada nuevo encuentro con un hombre o mujer, puede haber, solapada o no, expectativas de que el nuevo personaje nos caiga bien y a su vez nosotros caerle bien. Estos temores representan un gran esfuerzo y desgaste. Finalmente al madurar y comprometerse con sus proyectos, las personas se encuentran con su centro, ergo se sienten mas seguras y menos vulnerables y se relativizan las expectativas de agradar, con el fin de formar una pareja. . Es frecuente que en ese momento aparezca alguien que pueda interesar. Una de las dificultades en el armado de nuevos vínculos es que al haber en general, a cierta altura de la vida, hijos de ambos lados, y las consabidas culpas que arrastran sus progenitores, hay que tener mucha sabiduría para llevar adelante estas relaciones. Para formar una buena nueva pareja hay que contar con la ayuda de los astros.

Las formas defensivas que cada uno instrumenta ante el temor de conocer una nueva persona son variadas. Les voy a contar una anécdota que protagonicé. Me sucedió alrededor de mis cincuenta años. Una amiga, J, quería presentarme a un amigo de ella. El sujeto del que me había hablado mucho era un profesional prominente y por los dichos de J, que era muy amiga de él”, era una buena persona. Como estábamos invitados –J con su marido y yo– a la casa de campo de una pareja de íntimos compinches nuestros, a ella se le ocurrió que era una buena oportunidad para presentármelo. Estuvo todo bien planificado. El señor me pasaría a buscar e iríamos juntos al campo, que al quedar a hora y media de viaje nos daría tiempo para charlar . El señor me pasó a buscar muy correctamente a la hora estipulada. Cuando yo bajé y ví el vehículo que tenía, no podía creerlo. Nunca había visto una camioneta tan grande, para mí no era una 4x4 (yo no entiendo nada de autos), sino una 8x8. Le dije: Guau, qué camioneta. Me ayudó a subir (porque era altísima), y antes de llegar a la esquina, un ataque súbito de estupidez se apoderó de mi y, no tuve mejor idea que preguntarle si conocía la fábula de la ranita y el burro. Desgraciadamente no la conocía, y yo, “la peor de todas”, comencé el relato: “Una ranita y un burro retozaban por un campo, encantados de la vida, riéndose y jugando y corriendo. De pronto el burro no se dio cuenta de la existencia de un pozo bastante profundo y cayó en él. La ranita, muy solidaria, le preguntó al burro cómo estaba; y el burro le dijo que estaba bien pero que tenía miedo, porque no podía salir de ahí. La ranita, muy solícita, le dijo –No te preocupes, burrito, yo iré al casco de la estancia donde vive el patrón, que es muy canchero y tiene una 4x4; vengo con él, ponemos la cuarta, tú te tomas de ella y te sacamos. Dicho y hecho, así sucedió. El burrito estaba encantado y agradecido al patrón y a la ranita. Para festejarlo siguieron correteando por el campo; pero de pronto, lo peor: esta vez fue la Ranita quien cayó en un pozo. El burro, tomando su propia experiencia, tranquilizó a la ranita y se dirigió a buscar al patrón para que lo ayudara nuevamente con la 4x4. Lamentablemente, no lo encontró; había salido. Volvió donde su amiga la ranita y se lo dijo muy apenado. La ranita, que era vivísima, después de un rato de reflexionar le dijo al burro: –Tengo una idea genial, tú te acercas al borde del pozo yo te voy diciendo cosas eróticas, de ese modo tienes una erección, yo me tomo de ti y así salgo. Dicho y hecho. La ranita pudo salir. Moraleja: Si se tiene una buena erección no hace falta una 4x4”.

Una vez que el relato salió de mi boca, por poco me dieron ganas de tirarme del auto. Les aseguro que en general soy amable y poco agresiva. Presumo que habrá sido mi propia inseguridad la que me capturó, ante la enorme propaganda que le habían hecho al señor, encumbrado experto en su profesión públicamente reconocido y que me disparó tamaña desubicación. Se podrán imaginar que no es mi actual marido.
Pasado el tiempo, gracias a dios, una se ríe de las cosas que a uno le pasaron; el que no sé si alguna vez conseguirá reírse de eso, es él. Si por casualidad llega a leer este blog le pido humildemente disculpas. Reconozco que fui una desubicada total. No tenía derecho a hacerle pasar un momento francamente incómodo. Y que se puede tener el auto que se quiera; la industria automotriz no tiene nada que ver con la sexualidad.

Una vez divorciados, el estado de “ single” predispone a una apertura que permite vivir diferentes experiencias, a las personas que se animen. Es posible que se inaugure una etapa novedosa donde se puede ejercitar el uso de la propia libertad. Esto se asemeja a lo que decía nuestro presidente Dr. Raúl Alfonsin con respecto a la democracia , yo lo repito con respecto a la libertad, ampliándolo: con la libertad se come ( a veces), se educa (a veces), se divierte y se sufre, pero sobre todo se aprende.

Del mismo modo que les relaté una situación en la que mi comportamiento fue tremenda mente inadecuado por miedo e inseguridad, viví una experiencia impensada, que me resultó adolescentemente muy divertida, por un tiempo corto. Una tarde de Febrero de hace unos cuantos años, época en la que la mayoría de mis pacientes estaban de vacaciones, me llamó una prima política por teléfono. Ella trabajaba en una empresa multinacional y daba clases de idioma a los altos ejecutivos. Me llamó para pedirme que le diera clases de francés a un ministro de la nación. Le contesté que estaba absolutamente loca, ya que yo sé hablar francés muy bien pero que jamás le había enseñado a nadie. P. que así se llama mi prima me insistió hasta el cansancio y logró que finalmente dijera que sí. Llamé al ministerio y acordé una cita con el ministro. Yo estaba nerviosisima, me parecía un disparate total.

Cuando llegué, en una sala de espera estaban sentados charlando, algunos gobernadores que yo conocía por haberlos visto en los diarios. Los que rigen los destinos de la patria ahí a metros mío, eso me pareció muy estimulante, ( cuando uno es joven lo estimula cualquier cosa) y me incentivó para ver de que se trataba esta entrevista. Me recibió la secretaria personal y me hizo pasar al despacho. Saludé al ministro que tenía mi edad, la de ese momento y le expliqué que yo era psicóloga, que jamás le había dado clases de francés ni a un mosquito y que concurrí a la cita porque P. mi prima, a la que él conocía, me había insistido.

El ministro salía de viaje al mes de nuestra entrevista. Le sugerí que podíamos conversar en francés para que él pudiera practicar el idioma. Me respondió que él no sabía francés, a lo que le dije, esto es mucho peor porque yo no solo nunca enseñé, no tengo material para hacerlo, tengo que averiguar donde comprarlo y además no sé si seria capaz de hacerlo bien.

Me contestó que él antes de ser ministro tampoco sabía si podía serlo y me preguntó si pensaba que podía comprar el material. Yo estaba muerta de miedo. Le dije que sí. Puso su mano en el bolsillo sacó, un fajo de billetes, y riéndose me dijo: si no alcanza le pido un aumento al ministro de economía, pero tengo miedo de desbalancear el presupuesto nacional. Situación muy graciosa y seductora. Ahí partí yo, super emocionada con mi vivencia. Compré el material y comencé a darle clases de francés. Quedamos que probaríamos ese mes antes de su viaje para ver si le resultaba a él y a mí . Pasado ese mes me dijo que estaba muy conforme y que me llamaría a su vuelta. No le creí. Seguí con mi vida de siempre. Mis pacientes volvieron de sus vacaciones y retomaron sus tratamientos .

Un día, al mes y medio de haber dejado de dar clases, al llegar a casa la empleada que trabajaba conmigo, me dijo: la llamaron del ministerio y la esperan para retomar las clases los días tal, tal y tal a las X hora. Me sonreí para mis adentros, me halagó que me hubieran vuelto a llamar, pero yo a esa altura, ya había retomado mi actividad y tenía mis horarios en gran parte tomados por mi pacientes y no podía cumplir con lo horarios que el ministro quería. Llamé al ministerio, hablé con él y le comenté lo que sucedía, con una cierta verguenza. Con tono jocoso me respondió: y cuaaaando podrias? Acordamos horarios. Un día en el que tenía que ir a darle clases, no podía sacar mi auto del garage porque estaba de visita el Papa y pasaría por la avenida donde yo vivía y por lo tanto habían cortado todos los accesos. Llamé al ministerio para disculparme avisando la razón por la que no podría llegar y me dijeron que no me preocupara porque me mandarían el coche oficial. No podía creer lo que estaba viviendo, yo dentro de un auto oficial circulando por el medio de la Av, del Libertador, por delante algunos metros del Papa móvil, y toda la gente agolpada en los cordones de la vereda y en los balcones, dispuesta a saludar a su santidad. Lloraba de risa en el auto, me asombraba donde estaba. Hasta me dieron ganas de saludar a mí. Pensaba que era la princesa “Ladi Di” o en su defecto ” Cenicienta antes de las 12 hs. deslumbrada con el poder de convocatoria (del Papa) Después no me resultó atractivo seguir con las clases pero fue una aventura y un desafío que me encantó haber vivido. Como verán esta anécdota que he relatado formó parte de la libertad interna, que yo tuve para elegir las situaciones que decidí transitar. Cuando uno está casado sin lugar a dudas influyen en nuestras decisiones las opiniones de nuestros compañeros y seguramente, se limitan nuestras apetencias de aventuras aunque sean inocentes, porque es posible que despierten cierta intranquilidad en nuestra pareja y en ese caso no se duda en limitar las experiencias que puedan molestar.

La libertad se toma, no se pide pero cuando uno está solo es más fácil asirla.

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